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Angustiado padre pide que curen a su esposa

Esta familia santeña confronta serias dificultades debido a los problemas mentales de la madre y las dificultades para el aprendizaje que tiene la pequeña de la casa. El jefe de este humilde hogar solo desea que su esposa e hija, reciban el tratamiento adecuado para que se desenvuelvan nomalmente.


Entre los derechos del niño se establece que: "Tiene derecho a la educación", a "Tener una familia", "Una vivienda adecuada", y "Alimentación". Sin embargo, la situación de abandono en que vive la niña Deyvis Danitza Acevedo de ocho años, quien vive en la comunidad de Monagrillo de Río Hondo, distrito de Las Tablas, allá en lo más recóndito, es casi trágico.
Con sus mejillas enrojecidas y escondida a través de las paredes para no ser divisada, Deyvis se encontraba en casa de su abuela porque su madre Amarilis de Acevedo todos los días sale a caminar hacia un campo cercano donde parece sentirse bien acogida, mientras que su padre se marcha con el machete entre las manos, a ganar el sustento diario de la familia. "Me gano B/.6.00 al día de vez en cuando", dijo Dorindo Acevedo.
La niña con su cabeza baja, contestó al saludo: "Muy bien y usted", mientras agregaba: "Mi mamá se fue"; y en otro momento de nuestra estancia en aquella vieja vivienda de quincha y techo de tejas, seriamente afectada por el tiempo y a punto de desplomarse, dijo: "Me gustaría ir a la escuela pero no puedo". Su abuela, quien es la encargada de cuidar a la menor ignorantemente manifestó: "Es que a ella no la quieren aceptar en esa escuela".
El centro educativo al que debería asistir Deyvis se encuentra en la comunidad de Río Hondo, poblado más cercano a Monagrillo, más o menos como a dos horas caminando, aunque el resto de los estudiantes sí tienen que regresar a pie a sus casas bajo la inclemencia del tiempo (lluvia o sol) en muchas ocasiones, debido a que esta área se localiza en las faldas del cerro Canajagua.
La esperanza de una vida mejor para esta pequeña, como la debe tener cualquier niño panameño, se ve cada vez más alejada, toda vez que la madre de Deyvis sufre de enfermedad mental, por lo tanto no está en capacidad para atender a su hija y cuidar de ella como lo hacen todas lasmadres.
Amarilis Acevedo perdió todo el sentido de la realidad el día que tuvo a su primera y única hija, y esto le impide velar por su pequeña. La mujer de 25 años respondió: "Tengo trece años" y al preguntarle ¿quieresmucho a tu hija? dijo: "Sí, quiero mucho a Deyvis Danitza Acevedo". Pero su esposo con la mirada a lo lejos y sus ojos llenos de lágrimas manifestó, "¿usted viene a buscar a Amarilis pa" curarla?".
La pequeña vivienda de Deyvis y sus padres que sólo habitan por ratos, se encuentra en la cima de un cerro en la que nada más están los espacios porque no tienen pero ni una banca de madera para sentarse, las dos únicas camas de largas patas de madera están cubiertas con cueros de vaca rústicos haciendo las veces de colchón y dos pedazos de trapo son las sábanas. La vieja cocina envuelta en hojas de zinc, parece muy pocas veces visitada , pero ocupada por tres platos de plásticos, únicos cubiertos de la familia.
Pero lo más triste en la vida de Deyvis, es que no puede asistir a la escuela. Según la maestra del lugar, Vielka De León, debido a que la niña tiene problemas de aprendizaje y en aquel plantel no se le puede brindar la atención que requiere, porque la misma es multigrado y su trato merece una escuela más especializada como el Instituto Panameño de Habilitación Especial (IPHE), que se encuentra en la ciudad de Las Tablas, como a unos 45 minutos en auto.
Es casi imposible para este hombre de estrato social tan pobre, poder ofrecer esta atención a su hija, porque además de cargar con sus dos problemas, también tiene que llevar el suyo, ya que por lo que pudimos percibir también requiere atención psiquiátrica. Pero como en todas las parejas siempre hay alguna dificultad, en la de Dorindo "el problema es que ella no quiere lavar ni cocinar".
Añadió que en varias ocasiones han llevado a su mujer al Hospital Regional de La Villa de Los Santos, pero ella se escapa y se va para la casa. Manifestó que los medicamentos le cuestan B/.45. y sólo le duran un mes, además le causan reacciones secundarias, por lo que optan por eliminárselos.
Lo único que pide Dorindo, hombre de un corazón generoso y muy trabajador es que: "Me curen a Amarilis, porque yo la quiero mucho y quiero que ella atienda a mi hija". Así han transcurrido ocho años en la vida de la pequeña Deyvis, años viendo este cuadro que tal vez de alguna manera, puede como una cadena llegar a formar parte del resto de su vida, tal como ha ocurrido con su madre.


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122398
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América