Arrancar de cero. En esa frase se resume la tarea de enseñar sobre conservación y protección.
¿Cómo aprender a no talar si toda la vida fue ese el sustento de familias completas? Pregunta complicada. Fue justamente ese el tema de conflicto.
Peor aún, para algunos era sencillamente imposible vivir de otra forma, sobre todo aquellos con hasta 40 y más años de residir en el parque.
Al principio entendieron los deseos conservacionistas como una amenaza.
La noche del martes fue mostrado un vídeo del antes y después de esta realidad.
Un campesino de unos 70 años llegó a expresar entonces: "ustedes no vinieron acá de la mejor forma y acuérdese que los santeños son delicados".
Sí que lo son. Tan es así que aún hay grupos opuestos a la titulación con los que continúa el diálogo.
"Desarrollo Sostenible del Parque Nacional Cerro Hoya y su Zona de Vecindad", como se denominó el proyecto de GTZ, llevó adelante programas de educación ambiental y extensión agropecuaria y forestal.
Unas 31 comunidades resultaron beneficiadas, 168 familias, 17 escuelas y seis grupos comunitarios. Se trata de alrededor de 1,176 personas.
Los resultados estuvieron dirigidos a la identificación de nuevas alternativas de ingresos a través de proyectos productivos y ecológicos como: pesca artesanal, cría de animales silvestres y futuros proyectos de ecoturismo comunitario.
Del mismo modo, se fortalecieron organizaciones comunitarias y se establecieron coordinaciones de trabajo con el Ministerio de Desarrollo Agropecuario, el Instituto Panameño de Turismo (IPAT), Autoridad Marítima de Panamá, entre otros.
Aunque algunos como "Cauca" Moreno prefiere decir que "aprendimos a cuidar nuestro parque y ahora será así por siempre".
Para Moreno "al fin y al cabo nosotros somos los dueños de ese sitio".
El Parque Nacional Cerro Hoya está ubicado en el extremo sureste de la península y alcanza una altura de 1,557 metros sobre el nivel del mar. Fue declarado área protegida en 1984, así como sus alrededores.