Más 7 mil personas viven precariamente en el corregimiento de Pedregal, en la provincia de Chiriquí, en donde los servicios de luz y agua son escasos.
En los últimos meses, el problema se ha agravado, ya que existen alrededor de nueve comunidades ocupadas de manera improvisada e ilegal por diversas personas.
La señora Ruth es una de las tantas que reside en este lugar, y señaló que con mucho esfuerzo, trata de mantener a sus ocho hijos, pero las necesidades son muchas.
Dijo que sus hijos tienen que caminar por más de media hora para ir a la escuela; sin embargo, lo hacen porque tienen la esperanza de ser alguien en la vida.
Indicó que la situación cuando llegaron era más caótica, y por lo menos ahora ya se están solucionando algunos problemas, como la apertura de las vías, y se está negociando la instalación del servicio eléctrico.
Por su parte, Rubén Guerra, representante del área, explicó que para la legalización de los terrenos se mantiene negociaciones con el MIVI.
Con respecto al servicio de luz, indicó que algunos dueños de terrenos han negociado con la empresa eléctrica y se construirá el 70% de los paneles, para distribuir la energía.
Agregaron que aunque ahora está un poco más limpio, un ser humano no debe vivir así: lejos de las demás personas y como si fuera un animal.
El Ministerio de Desarrollo Social, dirección Provincial de Coclé, le realizó un informe socioeconómico en meses pasado a la familia de Edwin, para conocer el estado en que vive este joven.
El informe que envió a la Gobernación de Coclé el Ministerio de Desarrollo Social indica que la madre de este joven es de escasos recursos económicos, y por ello se recomienda ubicarlos en un programa como fami empresa, para que tenga una mejor calidad de vida.
También se le solicitó al Ministerio de la Vivienda su apoyo para mejorar la infraestructura de la casa donde actualmente viven.
A pesar de estas recomendaciones, la madre de Edwin solicitó el traslado de su hijo a un lugar especializado donde lo puedan tratar y curar, para que sea una persona con una vida normal como los demás.
Alejandrina Rodríguez, madre de Edwin, también se encuentra enferma; sin embargo, a sus 53 años, todavía trabaja para poder comprarle los medicamentos a su hijo.
Todos los días se levanta temprano para conseguir algo de dinero y así poder alimentarlo.
Aunque que se siente cansada físicamente, la señora Alejandrina no se rinde y seguirá trabajando para ayudarlo.