La biblioteca pública de Santiago, se ha convertido en el dormitorio perfecto de personas que deambulan a todas horas del día y de la noche por las calles quienes ven este lugar como el hotel excelente para descansar y hacer otras necesidades fisiológicas.
En la madrugada cuando despiertan dejan cartones y los malos olores, sin que a la fecha ninguna autoridad haya sido capaz de resolver el problema fácil de evitar en este lugar de estudio.