Los bocatoreños se manifiestan indignados por los constantes cierres de calles y la falta de acción de las autoridades para impedir que se le siga haciendo daño a la ya maltrecha economía.
Miguel Araúz, pequeño comerciante de Changuinola, dijo que hay una crisis económica sin precedentes en la región y con cada cierre que realicen los indígenas, jubilados o invasores de tierras agravan la situación porque los inversionistas no quieren poner su dinero en la provincia, pues no sienten seguridad a la hora de movilizar sus equipos o productos hacia otras partes del país o al momento de traer algo que necesiten.
Resaltó el hecho de que si bien es cierto que un pequeño grupo de indígenas de la comarca pelea, ya sea justo o no, contra el Gobierno por el proyecto hidroeléctrico Barro Blanco, también es cierto que Bocas del Toro es una provincia lejana a ese lugar y es la que paga los platos rotos al ser agarrada como bastión de lucha sin pensar en el perjuicio que se les hace a sus habitantes.
Julio Ledezma, residente en Changuinola, dijo que ya es tiempo de que el Gobierno ponga mano firme en la situación porque no puede ser posible que los bocatoreños, sus visitantes, enfermos, comerciantes y demás estén a expensas de un grupo de indígenas que tiene todo el tiempo del mundo para estar en las calles impidiendo que quienes trabajan puedan seguir adelante.
Por su parte, Jerome Shepher, jubilado residente en Changuinola, se mostró sumamente molesto, pues pretendía enviarle con carácter de urgencia una encomienda a su nieta en la capital y sencillamente tuvo que quedarse con su paquete en la mano porque la empresa que da el servicio no se comprometió a poder entregar en el tiempo normal, precisamente porque no saben en qué momento la calle es obstruida.