En esta área, la población que la habita, en su mayoría es de escaso recursos económicos.
Sin embargo, hay un convenio de cooperación fronterizo firmado entre Costa Rica y Panamá en 1992 que busca resolver algunos de los problemas que confrontan estos lugares.
En los diagnósticos que ha elaborado la comisión encargada de poner en práctica este acuerdo, se señala que el abastecimiento de agua, la recolección de desechos sólidos, los alcantarillados, la educación, entre otros, son algunas de las dificultades en la zona.
Israel Barrera, secretario ejecutivo de este convenio por parte del Ministerio de Economía y Finanzas (MEF), explicó que los problemas que se presentan en el Atlántico son diferentes a los encontrados en el Pacífico.
En la provincia de Bocas del Toro, la frontera es el río Sixaola y en Chiriquí el territorio está dividido por hitos.
En el atlántico, el problema está muy ligado al riesgo que presenta el río Sixaola, mientras que en Chiriquí se presentan dificultades con la movilización de hitos.
Sin embargo, agregó Barrera, los problemas se presentan con los pasos fronterizos. Aunque Paso Canoas y Río Sereno son pasos legales y en donde se encuentran las oficinas de Aduanas y Migración, también existen muchos caminos clandestinos donde no hay ningún tipo de control, pero el programa establece tener mayor vigilancia en el cordón fronterizo.
El convenio, en el plano nacional, es una ley que une a ambos países, pero desde el punto de vista internacional, entra en la categoría de Tratado Internacional.
El acuerdo busca elevar los niveles de vida de las poblaciones próximas al cordón fronterizo que se encuentran en la zona.