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Cáncer acaba lentamente con una vida


El cáncer, a su paso por el interior del país, ha dejado cuadros dramáticos. Maximino Martínez, un anciano de 79 años, que vive en la comunidad de Manaca Civil, distrito de Barú, es un doloroso ejemplo.
Martínez perdió su mandíbula debido al diagnóstico tardío. Según relató, hace algunos años mantenía una vida como cualquier persona, pero un día la alegría terminó. Mientras comía, los dientes se le ablandaron poco a poco hasta que decidió visitar el médico.
En el Hospital Dionisio Arrocha los médicos que lo atendieron consideraron al principio que se trataba de una fuerte infección, pero no fue así. Se le practicó una biopsia donde se le detectó la presencia de cáncer en su quijada. Posteriormente le sacaron todos los dientes, porque estaban casi desprendidos.
Después fue enviado a la ciudad capital para un tratamiento médico, donde le operaron, extrayendo totalmente la quijada y en su reemplazo le colocaron una prótesis pequeña, pero ésta no funcionó.
Hoy, Martínez vive solo en su humilde hogar, ya que nunca tuvo descendencia ni esposa.
La vida sólo le ofrece pobreza, que se agrava más con su enfermedad. No obstante, sobrevive con lo poco que le producen algunas plantaciones que tiene sembrada.
Con gran nostalgia y casi tartamudeando, ya que apenas se le escuchaba, mencionó que antes de detectársele el cáncer tenía un terreno que dedicaba al cultivo del plátano, pero a causa de los continuos viajes a la ciudad capital debió venderlos, quedándole sólo con una pequeña cuadra.
Señaló que por más de tres años ha viajado casi mensualmente a la ciudad capital, en busca de un tratamiento para su enfermedad, pero se le agotó todo el dinero que guardaba. En su lugar, miembros de la comunidad le proporcionan lo necesario para acudir a las citas.
"Le hago un llamado al gobierno de la presidenta Mireya Moscoso para que se acuerde de personas como yo, que nos abatimos entre la necesidad y la enfermedad, y pueda proporcionarme una ayuda para salir de esta agonía que cada día me consume más y más", expresó.
Mencionó que necesita con urgencia una silla para comer. Explicando que su alimentación se basa en arroz y productos casi convertidos en líquidos, porque no tiene con qué masticar.
Para comer se acuesta en una hamaca con la boca hacia arriba y con un plato pequeño y una cuchara ingiere los alimentos como si estuviera llenando un frasco con líquido.
Mientras que para tomar agua, sopa y jugos, utiliza una jeringa de 30cc, que expulsa los líquidos hacia dentro, porque de lo contrario se le salen al igual que la saliva cuando está de pie.
Maximino aseguró que diariamente tiene que caminar con un pañuelo amarrado en la boca y otro para secar la saliva.
A pesar de su trágico padecimiento, este anciano continúa luchando para sobrevivir.


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103009
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América