Los carros adornados con sus reinas y los disfraces vistosos, todo ha quedado en el pasado, así lo recuerda Yuriel viuda de Samaniego de 68 años de edad.
Ella junto a su esposo, quienes vivían en ese momento en Puerto Pilón, era una tradición. Primero cuando estaban sin hijos, dirigirse a las calles y avenidas de Colón a esperar esas carrozas, que tenían mucha originalidad, dejaban al visitante asombrado.
Entre ellas volcanes, como hizo una vez, la comunidad de Puerto Escondido, que construyó un volcán de donde expulsaba mucho humo, y recreaba una selva.
“Que tiempos aquellos”, indica la señora Samaniego, con un tono melancólico, donde la gente se divertía sin ningún problema.