Provincias

Casa Esperanza una lucha por vivir


Las fincas cafetaleras de Tierras Altas se han convertido en su gran mayoría, en centros laborales para niños de la etnia Ngöbe Buglé, quienes junto a sus padres viajan desde la comarca en busca de mejores días, a través de la cosecha de café.
Este es el caso de Reynaldo Gallardo, un niño de 11 años que reside en la comunidad de Alto Quiel, en Boquete, quien afirma haber trabajado desde muy temprana edad, en una finca cafetalera. Reynaldo es el menor de nueve hermanos que por años se han dedicado a la cosecha de café en la región.
"Habían ocasiones en que cosechaba dos o tres latas de Café, ayudando a mi papá y a mi mamá, pero es muy difícil cosechar e ir a la escuela. Nosotros en el cafetal aguantamos hambre y lo que cosechamos nos ayuda a comprar los zapatos o los útiles escolares", señaló con dejo de conformidad.
Con la sencillez e inocencia que lo caracteriza, expresó que le pagan un balboa por cada lata de café cosechada, de esa manera iba recogiendo de balboa en balboa para completar el dinero que necesitaba para comprar sus zapatos e ir a la escuela.
Las vivencias de Reynaldo son las mismas para muchos otros niños de la etnia Ngöbe. Es una que se repite a diario en las fincas cafetaleras, por cuya causa muchos de ellos dejan de asistir a la escuela por quedarse a trabajar en las fincas junto a sus padres.
Sin embargo, frente a esa realidad, la oportunidad de educación continua le llegó a Reynaldo, cuando funcionarios de Casa Esperanza le proporcionaron los medios para asistir a la escuela, y en la actualidad cursa el sexto grado en educación primaria.
Dijo que todas las mañanas un autobús de la institución lo recoge en su hogar, lo lleva a la escuela, al salir de allí es trasladado al centro de atención para recibir alimentación y otros beneficios. Afirmó que sus padres no tenían dinero para mandarlos a la escuela y al conocer la existencia del centro integral, su mamá hizo las gestiones pertinentes y hoy día ha logrado avanzar en sus estudios.
Pero este beneficio no fue sólo para Reynaldo, sino que Algemiro González Rodríguez, mayor de seis hermanos, residente en Alto Jaramillo, hijo de un constructor y soldador, también está contento por lo que ha recibido de Casa Esperanza donde le dieron la oportunidad a él y su hermano de siete años, poder asistir a la escuela.
Por su parte, María Isabel Spiegel de Miró, presidenta de la junta directiva de Casa Esperanza, indicó que cuentan con centros en toda la nación, los cuales dependen exclusivamente de donaciones de organizaciones cívicas y personas naturales e instituciones.
Aseguró que de acuerdo a los estudios efectuados, más de mil 500 niños se encontraban trabajando en las fincas cafetaleras durante la época de la cosecha, circunstancia que los hacía padecer un sinnúmero de problemas.
Según la presidenta de la junta directiva de Casa Esperanza manifestó, anteriormente los programas lo desarrollaban dentro de las fincas cafetaleras, ya que son muchos lo menores que abandonan la escuela para correr a recoger café y ganar dinero para su familia
El presupuesto anual de Casa Esperanza asciende a más de un millón de balboas en los siete centros que han establecido en todo el país, a través de los cuales más de 3 mil niños están siendo beneficiados.
No obstante, "los costos mensuales están por el orden de los 35 balboas y no están en capacidad de atender toda la demanda que necesita el país, con respecto a las dificultades que presenta la población infantil", precisó la representante de Casa Esperanza.


fecha edicion
old id
114747
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América