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Cazadores furtivos asesinan a tortugas en vía de extinción


Los restos de tres tortugas gigantes de la clase Dermoquelis Coreasia, conocidas también como baula, canal o caguama, fueron encontradas en la playa Soropta en Changuinola, provincia de Bocas del Toro.

Una patrulla de conservacionistas voluntarios, junto a funcionarios de la Autoridad Nacional del Ambiente (ANAM), dio con los restos y luego avisaron a las oficinas centrales.

Un equipo integrado por funcionarios de la ANAM, la Policía Nacional, conservacionistas voluntarios y periodistas salió en lancha desde el muelle de finca 44, luego de un recorrido por el canal de las 60, que duró 45 minutos, desembarcó para hacer una nueva travesía entre potreros y manglares, y luego de unos 200 metros llegaron a la playa.

 

Los primeros restos fueron divisados luego de caminar 40 minutos por la playa, la otra estaba a 20 minutos más, mientras que la tercera estaba en la dirección contraria como a otros 40 minutos partiendo del mismo punto.

Sin lugar a dudas fue un trabajo de los cazadores furtivos, dijo Cristina Ordóñez, bióloga del programa Conservación de Tortugas Marinas que opera en toda la provincia en coordinación con la ANAM.

Agregó que, a pesar de ser un animal en peligro de extinción, los cazadores continúan la matanza y que, en la mayoría de los casos, solamente se llevan las aletas, otras veces, también los huevos y vísceras y en pocas la carne del animal.

 

Siguió diciendo que no precisamente los cazadores quieren dejar parte del animal, lo que sucede es que estas tortugas llegan a pesar 800 libras o más, por lo que tendría que ser un grupo de varios hombres para poder llevarse todo.

Indefensos.
Las tortugas se convierten en un blanco fácil, pues salen a la playa y en su afán de llegar a un punto seguro para poner los huevos dejan una enorme huella semejantes a las llantas de un tractor o grillo.

Cuando los pesados animales comienzan el proceso de postura para el desove, se les puede tocar o caminar alrededor y no se van hasta poner el último huevo.

 

Este momento es cuando los cazadores aprovechan y le asestan golpes contundentes en la cabeza, algunas veces con mazos, otras veces con hachas u otros objetos contundentes.

Inmediatamente las voltean y las abren a punta de hacha y machete, parten puntos específicos para desprenderles las aletas que miden aproximadamente un metro y medio de largo, sacan los huevos que van de 80 a 100, además les quitan las vísceras y si son suficientes hombres cargan con la carne de la tortuga.

Ordóñez aseguró que, cuando un animal de estos es aniquilado, también se impide el nacimiento de unas mil tortuguitas.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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