Antes de los tambores, ya otros chiricanos se habían lucido entre bailes autóctonos y poesías inspiradas en el florido "Valle de La Luna de verdes campos y estrellado cielo", como muy bien lo plasmara el poeta Santiago Anguizola Delgado en su inspiración poética "Soy Chiricano".
Dentro de un escenario perfecto, con la iluminación similar a la del sol resplandeciente, los presentes pudieron observar la gran cantidad de grupos folklóricos que, ataviados con el vestuario chiricano que utilizaban nuestros antepasados para el trabajo cotidiano, bailaron todas las piezas que en el pasado nacieron en los diferentes corregimientos de la región chiricana.
Los trovadores especialistas en los versos cantados también tuvieron su espacio; lógicamente elogiaron a la provincia de Chiriquí con su canto, acompañado por el sonido de la guitarra.
La noche de gala fue un espectáculo digno de la conmemoración del aniversario de Chiriquí, ya que se trató de una composición de cultura.