Los días en el Centro Penitenciario Coiba, que llegó a contar con una población carcelaria de 3,000 reos y de los cuales quedan 70, están contados. Y es que con la aprobación de la ley que crea el parque nacional este centro penal dejará de existir. La isla Coiba por muchos años fue el escenario en el que se encarcelaba a quienes se atrevían a desafiar la dictadura militar.
Lo hermoso y conservado del paisaje natural que se observa al recorrer cada punto de la isla, contrasta con su historia, muchas veces teñida de sangre. No obstante, desde que en 1918 el Estado panameño adquiere esta isla para convertirla en una colonia penal, Coiba no había sufrido un cambio tan importante como el que se dará en los próximos meses, pues el penal poco a poco ha comenzado a desaparecer.
Ahora, precisamente comienzan los grandes retos para las autoridades y los grupos conservacionistas, que insisten en procurar el excelente grado de conservación de la isla. La condición de centro penal en el que los presos de alta peligrosidad gozaban de cierta libertad, mantuvo el ecosistema de esta isla prácticamente congelado en el tiempo, y las generalidades que imperan aquí son muy similares a las que existían cuando estaba en manos de los indígenas, sus primeros pobladores.
Por el temor que esta condición infringía, la mano del hombre no llegó a derribar el extenso potencial que existe en la mayor isla boscosa tropical deshabitada de América. Lo anterior significa que no fue cazada la gran cantidad de animales endémicos que allí existen y no se causó daño en lo que se cataloga como la excepcional biodiversidad marina, tanto de especies como de hábitat en este punto del país.
En Coiba encontramos una fauna terrestre endémica y amenazada como la guacamaya bandera, el ave colaespina de Coiba, el dasyprocta coibae (una especie única de ñeque) y el mono aullador. Esto, además de un ecosistema marino extraordinario, en el que por citar ejemplos sobresalen el arrecife de coral más extenso del pacífico americano, cuya longitud es de 130 hectáreas y está ubicado en Bahía Damas, se complementa con excepcionales concentraciones de tiburones, peces de grandes dimensiones, ballenas y delfines.
Pero, ¿cómo cuidar esta biodiversidad si el último reporte indica que la Autoridad Nacional del Ambiente (ANAM) sólo cuenta con dos motoristas y seis guardaparques, asignados a 270 mil hectáreas del parque? Para el director de la Asociación Nacional para la Conservación de la Naturaleza (ANCON), Líder Sucre, la entidad cumple una enorme labor, pero evidentemente no es suficiente.
Como parte de esta iniciativa se logra el convenio ANCON-AVINA, con el que se nombra personal que duplica el número de guardaparques de seis a 12, además de la colaboración con recursos de combustible y otras acciones, que aunque no solucionan el problema, contribuyen a combatirlo.
Según Sucre, es necesario un incremento más notable del personal, no obstante, consideró que se debe invertir en tecnología para que el esfuerzo humano sea apoyado con instrumentos como radares y otros, lo que debe traer como resultado un esfuerzo más efectivo para proteger el territorio, cuya conservación está respaldada ahora por una ley de la República.
En tanto, el director nacional de la Autoridad Nacional del Ambiente (ANAM), Ricardo Anguizola, reconoció la existencia de grandes retos y aseguró que luego del convenio con ANCON y AVINA se fortalecen los esfuerzos para conservar este gran territorio, ante lo cual la institución seguirá fortaleciendo su presencia, pues en fechas próximas se reforzará la vigilancia con el nombramiento de 10 nuevos guardaparques.