Cuando en 1920, el entonces presidente de la República Belisario Porras y su equipo de gobierno determinan la utilización de la isla Coiba como un centro penal, como solución al problema carcelario del país, en ningún momento imaginaron que ésta se convertiría en la más grande y famosa de la provincia de Veraguas. En esta isla eran donde iban a parar, entre otros, aquellos dirigentes populares que se atrevieran a desafiar al régimen militar, e inclusive muchos hasta perdieron allí la vida.
Uno de los aspectos que pasó desapercibido por la realidad que se vivía en la época en cuanto al aspecto ambiental, es que a estos detenidos se les estaba confinando en lo que posteriormente sería la isla y el territorio marítimo más conservado del pacífico americano.
Es así como con la llegada de una gran población penal, que en su punto máximo estuvo compuesta por más de 1,000 reos, dispersos en unos 20 campamentos alrededor de la isla, llegan también otras especies: perros y vacas.
En el primer caso, los perros fueron llevados para ser una especie de acompañantes de los reclusos que de alguna manera poco a poco los fueron introduciendo. Con el transcurrir del tiempo, la naturaleza reproductiva se encargó de multiplicarlos y hacer que la población canina poco a poco superara la población penitenciaria.
En el caso de las vacas, fueron llevadas por las autoridades e inicialmente controladas en potreros hechos cerca al campamento central y otros cercanos como el denominado "La lechería", donde los presos trabajaban y custodiaban estos animales, que en tiempos de la dictadura, llegaron a representar un alto negocio para quienes ocupaban altos puestos en la entidad militar que gobernaba el país, puesto que fueron muchos los cuantiosos embarques de ganado que salían.
Hoy, lo que pareció inofensivo, se ha convertido en un gran problema, pues según la recién aprobada ley que crea el Parque Nacional Coiba, en un plazo máximo de dos años el penal debe estar cerrado.
La población carcelaria ha sido reducida a poco más de 70 condenados y la mayor parte de los campamentos están clausurados. Los presos han sido trasladados o han logrado su libertad, pero en la isla han dejado a sus compañeros caninos, y que según las estimaciones, son cerca de 400 perros dispersos en estos territorios, la mayoría en condiciones salvajes.
El director de la Asociación Nacional para la Conservación de la Naturaleza (ANCON), Líder Sucre, advirtió que los perros salvajes representan un gran peligro para el resto de los animales de la isla, en vista de que no están acostumbrados a luchar en contra de un enemigo que nunca existió. Y es que al ser abandonados se convierten en unos depredadores que pueden acabar con muchas especies que no están preparadas para afrontarlos.
Mencionó que si bien es cierto el problema está focalizado en algunos puntos, amenaza con tomar dimensiones muy catastróficas, sobre todo si se toma en cuenta el nivel de reproducción que tienen estos animales, y que ponen en peligro a una gran cantidad de especies que sólo existen en esta isla veragüense, y en ninguna otra parte del mundo, como por ejemplo el ñeque de Coiba.
Aseguró que estos animales introducidos crean grandes desbalances porque no pertenecen al ecosistema, y recordó casos como el de Hawai, donde todos los años invierten millones para tratar de controlar el problema que se ha presentado con los puercos salvajes que fueron introducidos como domésticos y que hoy se han convertido en un problema.
En cuanto a las vacas, con el pasar del tiempo se eliminaron los recursos para mantener en buen estado las cercas y potreros, cuyos alambres han desaparecido por el salitre, por lo cual las más de 2 mil cabezas de ganado que existen en esta región se encuentran sueltas sin control alguno, y causando efectos similares que los perros.
Ante esta situación, la Autoridad Nacional del Ambiente (ANAM), ANCON y el resto de las entidades que velan por la protección de la naturaleza en Coiba se enfrentan a un gran reto, pues la cuenta regresiva marcha y antes de que el problema se acentúe debe ser resuelto.
Coiba: una isla canina
La Policía Nacional, ANAM, el Servicio Marítimo Nacional y la Autoridad Marítima Nacional diseñan un plan que esperan poder aplicar, por medio del cual se recogerá a estos animales y se buscará la manera más humana de eliminarlos de la isla por los daños que causan a las especies naturales de Coiba.