Paulino Ramos dijo que la intención es conseguir alguna respuesta a las inquietudes que tienen, y -sin hacer tranques ni protestas- piden que se les explique lo que ocurre con la playa, donde está desapareciendo la vida animal y los manglares.
Gladis de Peterson, de 63 años, quien tiene 40 años de vivir en el sector, informó que no se opone al desarrollo, pero sí le asusta que una corporación construya un centro turístico y nadie sepa nada.
Indicó que acudieron a la ANAM y se les informó, con relación a la devastación, que iban a sanear, y parecía que todos los manglares estaban enfermos.
El primer día, sólo logró vender medio termo de dos, pero esto no lo desanimó, ya que fueron muchos las caminatas a pie por la ciudad. Fueron 17 años de estar en ese mundo, pero dijo que la sociedad, sus familiares y Dios, por supuesto, le han dado una nueva oportunidad de vida.
Con el tiempo, las cosas iban mejorando; logró adquirir una carretilla con pedal, en la que colocó el cajón de ventas en la parte delantera; el negocio fue mejorando.
Con un cajón que pesaba más de 50 libras, empezó a vender café, té y chocolate por toda la ciudad.
Fue una etapa muy difícil; la misma sociedad lo rechazaba porque lo identificaban como "el drogadicto", además la ciudad de David es muy caliente y vender bebidas calientes, era como algo contrario.