P. Oeste. Miembros del Consejo Municipal de Chame dejaron plantados a los recolectores particulares de basura que laboran en este distrito, a quienes habían citados con la intención de obligarlos a cumplir con el pago por la utilización del vertedero, según se establece en un Acuerdo Municipal aprobado a mediados de este año.
Manuel Cabezas, del corregimiento de Cabuya, aseguró que existen serios problemas en el cobro de impuesto por la utilización del vertedero y que no son atendidos por la administración alcaldicia.
-¿Dormiste bien? Te traigo tu comida. La leche está fresca y la miel de palo, riquísima.
-Dormí a pierna suelta. Gracias señora -Le respondió el gato. La vieja le sirvió al gato y el gato comió hasta llenarse, quedándole suficiente leche y miel para el resto del día.
-¿Cuándo vas a salir de aquí, gato?
-Usted sabe que no me atrevo porque la gente se reiría de mí, y entonces sí que dirían que usted es una bruja.
-¿ Y qué esperas? ¿Qué vuelvas a pasar la estrella fugaz? -dijo la vieja.
-La estrella fugaz tiene que volver a pasar esta noche. Estoy seguro que así será -dijo el gato.
Entonces el gato recordó lo que le sucedió cuando estaba en el techo de la casa, despatillado, maullándole a la luna y cuando por primera vez vio pasar a la estrella fugaz. Recordó que los humanos decían que si uno cerraba los ojos y pedía un deseo, éste se le cumplía. Y así lo hizo. Cerró los ojos, pero pidió un deseo de relajo. Riéndose a carcajadas pidió a la estrella fugaz tener patas de trapo, el rabo al revés y también hablar como la gente.
Sintió una picazón en todo el cuerpo y cuando peló los ojos y se miró, encontró que tenía las patas de trapo, el rabo al revés y hablaba hasta por los codos. Desde ese momento no quiso salir del desván, ni bajar a la sala y mucho menos, salir a la calle.
La viejita besó al gato que entornó los ojos y movió su extraño rabo del puro gusto. Luego el micho oyó y miró nuevamente cómo la anciana se alejaba, y luego lanzaba el gritito de susto al deslizarse por la solera.
Esa noche y todas las noches hasta el día que terminaros sus siete vidas, el gato esperó inútilmente esa estrella fugaz, mientras, recibió la visita amable de la vieja que subía por la escalera y bajaba por la solera. Su consuelo fue saber que la historia del encuentro de él, el gato, con la vieja tenía y seguiría teniendo la poderosa magia de hacer reír o sonreír y finalmente dormir a infinidad de niños y niñas, gracias a la cantinela que reza:
Érase una vieja que subía por una escalera y bajaba por una solera. Y un gato que tenía las patas de trapo y el rabo al revés. ¿Quieres que te lo cuente otra vez?