COLÓN. En un paraíso llamado San Roque, ubicado en el corregimiento de Coclé del Norte en la provincia de Colón, se encuentra una de las riquezas naturales más importantes.
Se trata de la cría de tortugas de carey, que es una especie en peligro de extinción.
En este sitio, al que sólo se puede llegar por mar luego de seis horas o por aire, se encuentra un joven de 30 años que se ha dedicado de forma gratuita a preservar este animal.
Este joven es Generoso Muñoz, quien ha puesto todo su empeño para darle vida a miles de tortugas, que se pierden por la matanza despiadada de la que son objeto.
A falta de un trabajo, Muñoz utiliza sus recursos, que son pocos, para conservar las tortugas.
A medida que recorre las playas va recogiendo los huevos, los cuales coloca en viveros improvisados que utiliza para proteger a los animales acuáticos.
Esta noble labor la realiza desde hace seis años, porque le preguntaba a las personas más adultas del pueblo qué ocurría con esas tortugas que desaparecían tan rápidamente, a pesar de que anteriormente se les podía observar de día.
Para conservar las tortugas, Muñoz coloca los huevos en nidos artificiales que están en el vivero, que son cubiertos por arena por espacio de tres meses.
Este joven generoso, como su nombre lo dice, indicó que la arena les da el calor que necesitan las bebés tortugas para reproducirse.
Él ha presentado su proyecto de la conservación de las tortugas al Departamento de Recursos Marinos y Costeros de la Autoridad Marítima de Panamá, pero no ha recibido el apoyo esperado, ni siquiera una asesoría de las personas que manejan esta área de conservación.
El interés de Muñoz es poder lograr un trabajo que le permita seguir dando vida a las tortugas, o que una empresa se preocupe en brindar el apoyo para que no se muera el proyecto.
Para este joven, ver a las tortugas que salen de sus cascarones es lo mejor que puede ocurrir, ya que sólo cuenta con el apoyo de su madre Ofelina Dofis, una mujer de 65 años que se dedica a alimentar las tortugas cuando nacen.
Estas tortugas deben recibir alimentación de repollo, y el agua salada debe cambiarse por lo menos cada dos días.
La tortuga marina carey (eretmochelys imbricata), alcanza los 90 centímetros de largo y pesa 75 kilogramos como máximo.
La cabeza de este animal es muy angosta y la hace parecer a la de una ave carnívora.
Los adultos son, generalmente negros, hasta café oscuro y en su caparazón se observan manchas color amarillo pálido, café claro y hasta rojizas.
De las tortugas de carey, existen dos subespecies: la carey Pacífica (eretcochelys imbricata bissa), que habita en el Pacífico al norte de Madagascar, Indonesia y la costa norte de Australia.
Y la carey del Caribe (eretochelys imbricata imbricata), que habita en las aguas del Caribe, aunque según estudios realizados también se ha encontrado en las costas Pacíficas de México, en los arrecifes coralinos.
Conservan especie en peligro de extinción
Muñoz presentó un anteproyecto de conservación de la especie, pero no recibió apoyo.