Colón. Los pequeños de la Escuela Pablo Arosemena esperaron la mañana de ayer, no el inicio de clases de la semana, sino la hora de despedir a un compañerito que dejó huellas en sus corazones, que con su sonrisa siempre agradable y pícara tenía la forma de resolver los problemas. Ese era Carlos Antonio Christopher, a quien todos llamaban cariñosamente "Din Din".
Compañeritos, maestros, amigos y seres queridos dieron el último adiós al inocente niño que estuvo a la hora equivocada, cuando el cruel homicida le arrancó la vida de un sólo disparo en el pasillo de su vivienda en la calle 4 y 5 Avenida Bolívar. Carlos Antonio parecía estar dormido, un criminal le robó la vida a la edad de seis años cuando demostraba a su corta edad, según sus maestros, ser un excelente estudiante.
Los niños que jugaron en los recreos con el pequeño Carlos Antonio llevaron globos blancos para despedir con una escolta desde la entrada de la Iglesia Catedral a la inocente criatura. Los padres de Carlitos, Nitzia y Carlos prefirieron callar, sus lágrimas eran muestra de un dolor que sólo pueden sentir aquellos que han tenido la dicha de tener hijos y que pueden entender en carne propia lo que se siente al perder un ser amado.
La iglesia Catedral además de estar repleta de personas que querían al infante, contaba con personas que se solidarizaron con el dolor de la familia Christopher Blanquicet, todos pedían entre murmullos que se haga justicia con esta inocente criatura que fue asesinada por haber reconocido al homicida que llegó a matar a otra persona.
El Párroco Vladimir Cedeño, de la Iglesia Catedral, culpó a los medios de comunicación social de incitar a la violencia con sus informaciones y trató de obstaculizar la labor de este medio al no permitir las tomas de fotografías.
Carlos Antonio fue un rayo de luz para su familia, nació un 11 de noviembre de 1995 en Colón y un 21 de mayo fue arrancado de su familia por la violencia de varios sujetos que en las investigaciones querían robarle una arma de fuego a Rogelio Mackenzie.