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Deforestación: un crimen contra la naturaleza


Con la irracionalidad que viene caracterizando a los agresores del sistema ecológico nacional, alguien taló más de una decena de árboles de más de 60 años, que daban sombra a los bañistas en la Playa Santa Clara, en la proximidad del Hotel Las Sirenas. Ahora sólo queda la arena indefensa frente a las olas que golpean incesantemente la costa, en su paulatino erosionar de tierra firme.
Los bárbaros que hacha en mano pusieron fin a décadas de apacible existencia, en cuyas ramas se posaron e hicieron nido interminables generaciones de aves marinas, y cuyas profundas raíces sirvieron de infranqueable escudo natural contra el avance del mar infinito, no saben lo que han hecho.
La irresponsable extracción de arena por medio de equipo pesado, está acabando con la esponja protectora natural que absorbe los golpes de las mareas sobre tierra firme. Y como consecuencia, el mar ha ido ganando poco a poco espacio, manifestándose ese fenómeno en el derribo de muros, las inundaciones otrora desconocidas y la pronunciada pendiente que ahora muestran las playas del lugar, que antes eran planas. Sin saberlo, están acabando para siempre con un recurso que pertenece a la presente y futuras generaciones de panameños. Una vez concluyan con su infausta tarea, que extraigan el último centímetro de arena y derriben el último árbol, no quedará ya playa que explotar sino tan sólo un nauseabundo muladar lodoso como el que se ve en la playa de Panamá La Vieja, que hasta mediados de los 1900 era todavía el lugar preferido de los bañistas.
Santa Clara es aún para muchos la más linda playa panameña del Pacífico, gracias a su extensa y ancha arena limpia y blanca. Durante la Segunda Guerra Mundial y por tres décadas siguientes vivió su época de gloria, cuando el lugar fue usado como base aérea por Estados Unidos. Una vez revertida a Panamá, el paradisíaco sitio sirvió de asiento de casas veraniegas y de descanso, así como de residencia permanente de pensionados nacionales y extranjeros.
Tras la reversión, Santa Clara sufrió algunos años de decadencia hasta que a principios de los 90 inició un nuevo auge, a raíz de la saturación de otros sitios de playa más cercanos a la capital. El ensanche de la Interamericana ha sido también un factor positivo en el nuevo auge que se manifiesta en la construcción de grandes y lujosas residencias, y cómodos hoteles.
Desgraciadamente, el reciente dinamismo del área no ha sido entendido aún por los insensatos que decidieron talar los árboles que trabajosamente crecieron al borde mismo de la playa, en las inmediaciones del Hotel Las Sirenas. Los troncos de una decena de ellos yacen hoy en la misma arena, cuyas raíces le sirviera de protección contra las mareas.
La Autoridad Nacional del Ambiente nada ha dicho sobre esta devastación y las autoridades locales mucho menos. Nada puede hacerse para remediar el daño hecho, pues plantar un árbol en medio de las arenas de la playa es labor imposible.


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31452
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América