En los albores del nuevo milenio, es mucho lo que se puede hablar de la discriminación racial, pero muy poco lo que se puede hacer para cambiar esa forma de pensar errada que día a día afecta a gran parte de la población mundial.
Este fenómeno natural aparecido desde la época de la esclavitud, cuando se acostumbraba explotar a la raza negra, aún prevalece en muchos países, aunque en menor escala.
Hoy esa terrible realidad la viven los negros e indígenas, especialmente en las grandes capitales mundiales.
Lamentablemente esa diferencia étnica continúa afectando de manera notable a los grupos que en esta región, son objeto del más terrible desprecio, humillación y cualquier tipo de atropello que signifique una clara violación a los derechos humanos.
Sobre el tema, el obispo de la Diócesis de David, monseñor José Luis Lacunza, manifestó que toda persona, independientemente de la posición social o racial a la que pertenezca, es "Hijo de Dios", y por lo tanto, nadie puede cambiar su identidad como ser humano.
El padre destacó que ninguna situación de esta índole debe representar una diferencia que disminuya la dignidad de las personas o que las convierta en menos que las demás.
En la provincia de Chiriquí, por ejemplo, la presencia de un negro en determinado lugar despierta, en la mayoría de las personas, un sentimiento de temor a ser asaltados.
Pero la discriminación hacia los negros no es lo único que se da, ya que en la geografía chiricana, la explotación y marginación del indígena también se presenta de forma notoria.
Un ejemplo palpable de lo que es la discriminación, a diario se da en los autobuses colectivos, donde los indígenas son rezagados a los últimos asientos y en algunas circunstancias, tienen que ir parados.
Otro hecho similar ocurre en los centros médicos y hospitales, donde los ingenuos indígenas llegan y sin tener el más mínimo conocimiento de lo que deben hacer, son obligados a esperar para ser atendidos.
Un caso sucedió recientemente en la Policlínica Gustavo A. Ross de la ciudad de David, cuando un indio llegó con fuertes dolores estomacales a la sala de urgencias para ser atendido y en lugar de recibir la atención inmediata, tuvo que postrarse en el piso, en la parte externa de la ventanilla, porque al parecer la funcionaria no quería brindarle la ayuda.
En tanto, en las Tierras Altas chiricanas, miles de indígenas que trabajan en esa área para ganarse el sustento diario de sus hogares, son sometidos a labores difíciles sin obtener un pago satisfactorio y que les permita gozar de mejores condiciones de vida.
No importa cuál sea el estado del tiempo, bajo la lluvia o el sol, todos los días, una infinidad de indios, desde el más pequeño hasta el más adulto, sale a trabajar en las montañosas regiones agrícolas, sin esperar más que un empobrecido salario que con el transcurrir de los tiempos, les alcanza menos para cubrir el sin fin de necesidades básicas.
Al igual que este ser humano, hoy día existen muchos que sufren la horrible pesadilla de pertenecer a esa etnia.