En un profundo olvido parecen vivir los residentes de la lejana comunidad de Los Plancitos, distrito de Barú, situación que puede ser corroborada al divisar el inicio del sendero o camino que comunica a los planciteños con la comunidad de La Vaquita, que es un accidentado trecho que sólo puede ser transitado a lomo de un burro, un caballo o simplemente a pie.
La comunidad de Los Plancitos se encuentra entre las montañas cercanas al cordón fronterizo con Costa Rica, poblado que cuenta con una escuela primaria de dos aulas y dormitorios para los maestros.
Este plantel fue construido a mediados de la década del "70, y hoy necesita ser mejorada en su totalidad, porque la madera de sus paredes está podrida y el techo parece un colador.
Para llegar hasta esta pintoresca comunidad baruense, donde casi nadie se atreve a entrar por lo peligroso de su camino y por el difícil viaje en el costado de un burro, llegamos muy temprano a la ciudad de Puerto Armuelles, lugar donde Eulogio Batista, presidente pro construcción de caminos, nos esperaba para iniciar el recorrido en el autobús de la Cooperativa de Productores Palma Aceitera de Chiriquí (COOPEMAPACHI).
Una hora duró el recorrido en el autobús, en donde atravesamos las inmensas fincas de la Puerto Armuelles Fruit Company, las de palma aceitera, el río Palo Blanco y diversas comunidades hasta llegar a la comunidad de la Vaquita, donde sólo llegan los automóviles.
En la casa de la señora "Fella" nos esperaban los caballos que nos servirían para transportarnos hacia nuestro destino. Durante tres horas pudimos constatar el sacrificio que hacen los planciteños para transportar sus cosechas hacia los lugares más poblados, y llevar los alimentos hacia sus hogares.
Por ese tiempo del recorrido, una vez a pie y otras a caballo, experimentamos el peligro que representa la caída de los animales hacia el precipicio; luego atravesamos la selva y observamos los hermosos paisajes.
En la escuela primaria nos esperaban los maestros, residentes de la comunidad y la dulce mirada inocente de los niños que allí viven, lejos de todo modernismo.
En el lugar, los niños de la escuela manifestaron que acuden diariamente a recibir sus clases, a pesar de la distancia y las carencias, por lo que pidieron a las autoridades que doten al plantel de suficientes pupitres y sillas, de un adecuado comedor escolar y la reconstrucción de la infraestructura, antes de que ésta sucumba a la polilla y al tiempo.
Por su parte, Batista, vocero de la comunidad, aseguró que muchos políticos y muchas autoridades municipales, provinciales y estatales temen acudir a esa comunidad por lo grave en que se encuentran las pocas vías de comunicación, por lo que muchos no conocen la realidad de las necesidades de sus moradores.
Batista afirmó que en un periodo de un año y medio, no se ha contado con una gira médica, y los niños que tienen sus vacunas completas lo han logrado por el esfuerzo que hacen sus padres para llevarlos al centro de salud más cercano, a más de tres horas de camino.
Por otro lado, el vocero reveló que cuando las mujeres se encuentran en estado de gestación, dos meses antes del parto se trasladan a comunidades más accesibles para la espera del bebé, porque sería muy difícil trasladar a una madre con dolores de parto por el largo camino.
Además, el lugar no posee agua potable, ni luz eléctrica y otras necesidades básicas a las que tienen derecho todos los panameños, por lo que solicitaron a las autoridades que no los olviden y tengan un poquito de disponibilidad para ayudarlos, aunque reconocen que no todo debe llegar del gobierno, y por ello es que se trabaja en conjunto con todos los vecinos para el arreglo de los caminos; para el traslado de enfermos; para las actividades de la escuela; y para las obras que desarrolla la humilde Iglesia Católica que se encuentra en el lugar.
Es importante señalar que mucho niños al concluir el sexto grado, tienen aspiraciones para estudiar en un colegio secundario, y luego en un centro universitario para poseer una profesión que les permita contribuir al desarrollo de su comunidad. Pero esos sueños muchas veces se quedan en eso, porque la falta de recursos económicos de sus padres, o la falta de un familiar donde hospedarse mientras se estudia o el largo recorrido que se tiene que hacer a diario para llegar hasta Puerto Armuelles, termina con sus aspiraciones.
Aún así, la alegría, las ilusiones, el deseo de trabajar en el campo, la esperanza de contar con un mejor camino y la unidad que existe entre ellos, no deja de ser parte de la personalidad de cada uno de ellos, quienes reciben con alegría a los pocos visitantes que se atreven acudir a esa pintoresca comunidad baruense.