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El pequeño buhonero de la ciudad de Chitré


"Quisiera que mis hermanos y yo pudiéramos estudiar sin problemas", es el clamor de un niño que con 11 años debe salir a la calle para trabajar como buhonero y llevar el sustento a su hogar, tratando de sobrevivir en un mundo donde la pobreza y la desolación son los pilares que sostienen la humilde casa de zinc que los acoge.
Luis Giovanni "el buhonero", como todo el mundo lo reconoce es uno de los ejemplos de esfuerzo y perseverancia de la comunidad chitreana, ya que diariamente este niño que tiene que enfrentar la vida como un adulto, cuyas responsabilidades familiares han dejado atrás sus años de infancia, aunque no sus sueños de tener un futuro mejor.
Y es que conocer a Luisito con su espíritu de lucha, su sonrisa siempre acogedora y su saludo respetuoso llena de optimismo a quienes le compran sus productos identificados con la triste realidad que vive, no sólo él, sino toda su familia, sin embargo, entrar a su mundo y llegar hasta la humilde casa donde vive, ubicada en Llano Bonito de Chitré, deja al descubierto la desesperante pobreza que lo lanzó a la calle a trabajar desde temprana edad.
Luis Giovanni es huérfano de padre desde hace tres años y desde entonces tuvo que salir a trabajar para llevar el sustento a sus tres hermanos y a su madre que también ayuda en la economía del hogar, haciendo arroz con leche para vender y sacar algunos reales para la alimentación que la mayoría de las veces es una sola vez al día.
Con su mirada cansada por el trabajo diario, Luisito nos recibió en su humilde casa, y casi en penumbras relató con humildad la realidad que ha tratado de aceptar con valentía teniendo como norte su espíritu de trabajo y los deseos de superación que a veces se tornan sombríos por la falta de recursos económicos.
Señaló que todos los años cuando comienza la época escolar, sus hermanos y él confrontan serias dificultades para asistir a la escuela porque no tienen zapatos, uniformes y mucho menos útiles escolares. Avanzados los meses logran que algunas personas les ayuden con los implementos para poder sacar adelante el periodo escolar y afirmó que a pesar de esto trata de mantener un buen ánimo para brindar alegría a quienes lo conocen.
Luisito dijo que hay mañanas en que no tienen ni para la taza de café que acostumbran a tomar, y sólo asisten los mayores a la escuela, mientras los más pequeños se quedan en casa en espera de las pocas ganancias de las ventas del arroz con leche o los resultados de la tarde de venta que él hace por las calles con sus buhonerías para entonces poder comer.
Esta desesperante situación llevó a este pequeño a comenzar su negocio como buhonero con la inversión de B/.1.00 como él mismo lo relató: "un día salí a la calle con este pequeño capital, decidí comprar tres pastas de dientes para revenderlas y desde entonces me gano la vida vendiendo productos", manifestó Luisito, para quien sus hermanos y su madre son el centro de su vida.
Desde entonces, pasó a ser "el buhonero" y todas las tardes después de la jornada escolar y todos los días durante el verano sale a ganarse la vida honradamente aprovechando los días festivos para tratar de sacar la mayor cantidad de dividendos posibles para compartir con su familia. Sus productos los vende en la Central de Chitré, pero en ocasiones se aventura a ir a Las Tablas y Santiago en busca de más ganancias.
Pero todo no termina ahí, Luis padece un soplo en el corazón y fue afectado por una fiebre asmática, producto de todas las situaciones que vive. De acuerdo a su madre Luz María González hace más de dos años le descubrieron la enfermedad que se le agravó porque el pequeño primero le revendía bollos a una señora los que cargaba en un cubo demasiado grande para su edad.
Luis y dos de sus hermanos presentan un retraso que se manifiesta en un lento aprendizaje por lo que Luisito actualmente cursa el cuarto grado en el salón de atención especial del IPHE en la Escuela Tomás Herrera, sin embargo a pesar de esta limitación él sueña con superarse y seguir estudiando para algún día poder administrar su propia tienda con productos variados.
"Cuando no puedo leer y no entiendo algo me desespero porque no se me queda en la mente", relató Luisito y lo más triste es que su madre tampoco puede ayudarlo en esto porque apenas sabe escribir y nunca aprendió a leer, lo que hace más duro el sueño de superación de este niño que trata de dividir su tiempo entre el dificultoso estudio y el trabajo diario en la calle.
Por encima de estas limitaciones Luis, espera seguir estudiando, pero lo que más desea es que él y sus hermanos puedan asistir a la escuela sin problemas, y que llegue un día en que la estufa no esté vacía en espera de que en la tarde les llegue algo de comida, por lo que trata de esforzarse para algún día tener un terreno donde pueda vivir y administrar su propio negocio comercial, enfatizó con una sonrisa de esperanza en su rostro.
Luis también practica el hábito del ahorro y de sus ganancias diarias guarda un porcentaje para hacer frente a las crisis de salud que se le puedan ir presentando a causa de su enfermedad y trabaja con una inversión diaria y el apoyo de comercios que le dan los productos a precios accesibles para que les logre sacar algo de dividendos.
"Lo que más me cuesta y lo que sí me baja el ánimo son los días en que no tengo ganancias", dijo con lágrimas en los ojos el pequeño, porque "me duele mucho llegar a casa con las manos vacías cuando mis hermanitos aguardan con esperanza mi regreso".


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América