El olor era inaguantable, cualquiera pensaría que allí había un cerdo, sin embargo encontraba a Edwin, un joven de 34 años que por una enfermedad que no le permite controlarse, ha obligado a su madre a encerrarlo por más de cuatro años, en un cuarto que no es para humano, pues allí no se vive, sino se muere lentamente.
Fue muy grande la impresión, y al llegar a la comunidad de La Mesa en El Valle de Antón, no había nadie en la humilde residencia, sólo se escuchaban los ladridos constantes de un perro, caminamos más allá y detrás de unos plásticos negros, como escondido estaba el reducido cuartito en donde estaba Edwin.
Estiró su mano para saludar y para pedir alimentos, pero el olor que emanaba del cuarto era inaguantable, pues allí el joven por años duerme, come y hasta hace sus necesidades, vive como un animalito asustado y aunque está bajo tratamiento por su problema -aparentemente mental-, las condiciones en las que vive encerrado son infrahumanas.
Los hermanos de la Pastoral de Salud de El Valle de Antón, José y Misael acudieron hasta el lugar preocupados por la dura situación que vive este joven, y señalaron que a pesar de su enfermedad no merece estar encerrado.
Alegaron que lo ayudan a través de visitas y le llevan alimentos, sin embargo el problema de Edwin va más allá, pues él necesita de cuidados especiales, sus medicamentos y alimentación para que su familia lo pueda tener en casa sin necesidad de encerrarlo.
Alejandrina Rodríguez, es una señora de 53 años, aparenta más edad porque la vida dura que ha llevado y la enfermedad de su hijo la han prácticamente acabado con ella.
A pesar que trabaja, es poco lo que gana y es la madre de 5 hijos, entre ellos Edwin Almengor, de 34 años, quien aparentemente sufre de problemas mentales que le hacen perder el control.
Para ella no ha sido fácil enfrentar esta realidad, ya que su hijo nunca presentó problemas, hasta los 24 años cuando le daban ataques.
La afligida madre, quien acepta la culpa de tenerlo en un lugar inadecuado, señala que es probable que su hijo sea víctima de un daño, "brujería", porque nadie le explica a ciencia cierta lo que le pasa.
Alegó que el padrastro es un alcohólico, que no los apoya.
Edwin necesita atención continua, pues con esto podría hacer que se controle y su madre no lo tenga encerrado.
La señora solicita con lágrimas en sus ojos, que la ayuden y orienten, pues no sabe qué hacer con su hijo y por ello lo encierra.
La Pastoral de la Salud pide ayuda, pues es inconcebible que en pleno siglo XXI se tenga a una persona encerrada.