El Hantavirus era visto como algo muy distante por Carlos Duarte. Dedicarse a la actividad pesquera le hacía pensar que estaba a salvo de esta terrible enfermedad, que acosa básicamente a los agricultores.
Residente en la barriada San Antonio en la comunidad de Trinchera, en Soná, cuenta que su percepción del asunto cambió un día que decidió ir a bañarse a un río cercano, sin imaginar que el peligro estaba cerca.
“Salí del agua y cuando agarré el jabón que había dejado afuera vi que estaba rumiado, me llamó la atención, pero no le di importancia”, contó.
Al cabo de unos días empezó a sufrir jaquecas y dolores en el cuerpo, además, fiebre y vómito. De inmediato fue a recibir atención médica y, tras unas pruebas, le confirmaron que estaba enfermo de Hantavirus.
Él y su familia se alarmaron porque hace un mes en Trinchera falleció una pariente por dicho mal. De hecho, Carlos se convirtió en la cuarta persona afectada con el Hanta este año en la tranquila comunidad.
Aunque le dieron de alta, todavía no ha vuelto a su oficio porque aún se siente débil y no está en condiciones para ir al mar. Pero sigue tomando medicamentos y está pendiente de recaída.
Varias experiencias
Higinio Duarte, padre de Carlos, dice que luego de la enfermedad de su hijo, personal del Minsa realizó una inspección en su casa y le ordenó limpiar y desinfectar el lugar para evitar otro contagio.
Recuerda que un día, cuando alistaba su trasmallo antes de salir a pescar, de en medio de las redes salieron tres ratones grandes. Poco tiempo después empezó a sentirse mal, con fiebre, debilidad, dolor en el cuerpo y dificultad para respirar.
Fue al médico y le hicieron un examen de sangre para descartar el Hantavirus. “Todavía me siento mal, y no he vuelto a pescar”, dice, mientras espera el resultado de la prueba.
Por su parte, Eric Montero, de 39 años y trabajador de una empresa constructora, ha asistido en dos ocasiones en la última semana al hospital Ezequiel Abadía de Soná, en busca de atención médica, porque padece náuseas, mareos, escalofríos, dolores y dificultad respiratoria.
Hace 15 días, Eric mató seis ratas de aspecto amarillo y cola larga que se encontraban en medio de unas piedras que tenía que cargar como parte de su trabajo.
Su esposa y madre de sus tres hijos, Emelia Carrizo, sostiene que las dos veces que ha ido al hospital con su esposo es porque ha estado muy mal y con síntomas de la enfermedad que todos en el lugar temen.
“Allí solo le dicen que tiene un virus cualquiera, y por eso le han recetado paracetamol y diclofenaco”, explica.
La mujer se muestra preocupada debido a que su esposo ha tenido que trabajar, aunque no se siente bien para hacerlo. Además, le dieron una cita para el 3 de abril, pero dice que no va a esperar tanto tiempo, ya que su vida está en juego.
Hay otros casos registrados este año, como el de un hombre de Guarumalito y el de una mujer de Carrizal. Mientras, varios vecinos que han convivido con estos roedores presentan síntomas similares a los de la enfermedad, pero todavía no se ha confirmado que se trate de Hantavirus.
Medidas de control
Ante esta realidad, el Minsa ha adoptado fuertes medidas a través de operativos para disminuir los factores de riesgos en la zona a través de capacitación y docencia en las comunidades del sur del distrito de Soná.
Jaime Domínguez, jefe del Departamento de Promoción de la Salud del Minsa en Veraguas, señala que se desarrollan acciones educativas con grupos comunitarios, comités de salud y las juntas administradoras de acueductos. También se activan en los centros escolares primarios y secundarios las “Brigadas contra el Hantavirus”.
Actualmente se labora con las brigadas en las escuelas de Trinchera, Guarumal, Carrizal y La Zumbona, y se busca hacerlo en todas las escuelas del sur de Soná para establecer una cultura de prevención.