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Escuelas ranchos, cuando las palmas sirven de techo

Estos planteles que se construyen con palmas reales o guágaras, representan un peligro para los estudiantes, ya que también son el hábitat de toda clase de alimañas.


Miles de niños panameños viven hoy, en pleno siglo XXI, las calamidades de no contar con una escuela en óptimas condiciones. Se enfrentan a la realidad de recibir sus clases en lugares surgidos en medio de la necesidad: "las escuelas ranchos".
En el 2001 habían 213 centros educativos con escuelas ranchos a nivel nacional y de éstos, 24 han sido transformados a escuelas de concreto, según informó el coordinador del Proyecto de Desarrollo Educativo (PRODE), Humberto Alcázar,
En Bocas del Toro se invirtieron B/. 2 millones 268 mil 403; en Chiriquí B/. 225 mil 505; en Colón B/. 293 mil 659; Coclé B/. 440 mil 588; Darién B/. 862 mil 339; Los Santos B/. 109 mil 632; Panamá Este B/. 534 mil 201, dijo.
Los centros educativos de Panamá Oeste se transformaron a escuelas por B/. 96 mil 106; Kuna Yala B/. 1 millón 37 mil 151; Veraguas B/. 1 millón 52 mil 445. No incluyen los costos del centro piloto de "El Cruce" en La Pitaloza, de la provincia de Herrera.
El total de las construcciones de las 189 escuelas ranchos, suma a B/.6 millones 919 mil 20. Pero a pesar de esta millonaria cifra, que en Darién asciende a B/. 862 mil 339 aproximados globales, del total de 28 escuelas ranchos del listado del distrito de Chepigana, sólo nueve tienen su presupuesto designado, las 19 restantes no tienen asignados los costos. Palmas reales o guágaras sirven de materia prima a estas aulas en Darién, expresó Alcázar.
En tanto, otras regiones viven también la cruda realidad de presupuestos insuficientes para la edificación de escuelas, lo que los obliga a disponer aún de esta modalidad. Cañazas de Veraguas, es uno de estos sitios, con 19; Chiriquí Grande en Bocas del Toro con 18; Chepo, en Panamá Este con 14 y Cémaco, distrito de la Comarca Emberá en Darién, con 13 centros educativos ranchos.
Lo cierto es que para el estudiante no existe ilusión mayor que descubrir el primer día de clases qué banca ocupará por el resto del año, en un salón de paredes relucientes, recién pintadas por el inicio del año, sillas de madera o metal, fuertes, nuevas o reparadas y tableros esperando para transmitir una multiplicidad de conocimientos, agregó.
Sin embargo, en la mayoría de los casos, estos sueños se convierten en realidad sólo para los jóvenes de la capital o de los lugares más cercanos a ésta, pues en el interior del país, "los frijoles se cuecen diferente"...
Para el educador de la Escuela de Limón, Erasmo De León, este tipo de escuelas, además de desmotivar a los estudiantes, representa un peligro inminente porque son cueva de alimañas como alacranes, arañas, avispas, mosquitos y hasta ratones y víboras. Además, logran ser presa fácil del fuego y cuando llueve, los ranchos se mojan y de ser así, "nuestros niños vuelven a la nada. A la desilusión por la falta de un plantel, pese a las ganas de aprender", añadió De León. Se espera que los 189 "ranchos escuelas" que aún no son de cemento, dejen de existir.


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82786
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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