P. Oeste. Las condiciones higiénicas en que viven las familias que han instalado sus casas en las cercanías del vertedero de basura de La Chorrera, son insalubres. Las viviendas construidas con materiales de cartón, zinc, retazos de madera y cualquier otro que sirva, se entremezclan con juguetes rotos de todo tipo, a los cuales les falta algún elemento de fabricación.
Aunque algunas casas están bastante alejadas del sitio donde se deposita la basura, otras fueron edificadas a pocos metros y aun más cerca del nivel del agua que cuando sube la marea, queriendo aprovechar su posición, mantienen cerca un bote con el que salen a pescar para obtener un alimento más.
En las cercanías, los arbustos del manglar están decorados con retazos de plástico y tela de colores diversos que flotan con la marea, ofreciendo así una danza multicolor. Esta forma de vida, viola los derechos de los niños, ya que carecen de lo más elemental, pues viven entre moscas y desperdicios.
La pequeña casa de "Coco", un niño que dice su edad mostrando cuatro dedos de su mano derecha, porque la izquierda la tiene ocupada agarrando un palo, que para su diversión le hace de caballito para recorrer descalzo los caminos llenos de basura, es un ejemplo de ello.
Con una risa inolvidable a pesar de las piezas dentales dañadas, "Coco" cuenta que su compañera de juego es su hermana y otros niños de una casa cercana. Dice no temerle a la oscuridad, ya que en la noche montado en su caballito recorre el vertedero. Sobre su alimentación, dice haber desayunado crema que le preparó su mamá, y en la cena come arroz blanco con gallina, pero el almuerzo no lo menciona.
Los trastes de la cocina son posaderos de moscas e incluso algunas yacen ahogadas en la sucia agua de algunas ollas; mientras que a poca distancia de la casa existe una pequeña estructura que al parecer es donde se bañan y el patio está lleno de materiales sacados del vertedero, dispersos por todas partes.
Dentro de la casa de "Coco", clavado en la pared, existe una especie de botiquín, atiborrado de medicamentos, ungüentos, alcohol y otros. La cama, una sola en toda la casa, llena de ropa y moscas. No hay ventanas, sólo dos puertas; una que da al vertedero y otra al mar.
Por su parte la madre de "Coco" se gana algún dinero pelando pepitas de marañón en una casa ubicada igualmente dentro del vertedero, y pasadas las seis o siete de la noche aun continúa en esa labor, mientras que el niño juega con su "caballito".
No obstante, mañana, la vida de las familias de este lugar podría ser distinta, si las autoridades se disponen a desalojarlas de este sitio y ubicarlas en otro para que estos niños puedan crecer en un ambiente sano y libre de enfermedades.