La tala de madera comercial ha sido la actividad motora de Darién desde principios del siglo XX, sin embargo la extracción indiscriminada ha ocasionado su extinción en la provincia.
Esta faena con carácter comercial se inició en el estuario darienita, donde varias empresas extranjeras se dedicaron durante décadas a extraer las maderas más cotizadas como caoba, cedro espino y cedro amargo.
Posteriormente empresas nacionales se incorporaron a esta labor, usufructuando también el espavé y cabimo.
Las empresas incursionaron tierra adentro siguiendo los márgenes de los ríos Sabanas, Chucunaque, Tuira, Balsas, Sambú y con la apertura de la vía Panamericana, las reservas de maderas preciosas cerca de la carretera entre Yaviza y Bayano también fueron acabadas por concesionarios y pequeños madereros.
Otra especie que ha sido intensamente explotada en la provincia es el Cativo que es la materia prima por excelencia de la industria del Playwood en Panamá, actividad económica que genera más de mil empleos permanentes y unas 3 mil ocupaciones indirectas, razones suficientes para considerarlas como especie en extinción.
Las reservas cativables en Darién fueron calculadas inicialmente en 60 mil hectáreas, localizadas principalmente en las márgenes de los ríos Tuira, Chucunaque, Sambú y Balsas y en zonas de amortiguamiento del Parque nacional Darién.
Ricardo Pineda, funcionario de la Autoridad Nacional del Ambiente (ANAM), manifestó que el ordenamiento y manejo sostenido de los bosques de Cativo en la provincia de Darién fueron calificados por expertos como urgencia para evitar que la explotación no planificada y degradante que se ha ejecutado provoque la desaparición de esta especie en la región.
Pineda destacó que ante la situación de emergencia por la que han atravesado los cativales, se estructuró el proyecto Manejo de Cativales y Productos No Maderable, que fue presentado a la Organización Internacional de Maderas Tropicales (OIMT) para su funcionamiento, lográndose su aprobación el 5 de mayo de 1996 para un periodo de cuatro años.
Aseguró que ese diagnóstico se basó en que el actual sistema de explotación que se utiliza en los cativales y otros productos no maderables como la Tagua y el cocobolo es insostenible porque las operaciones de campo realizados causan un impacto negativo en la regeneración del bosque y su consecuente baja en las futuras cosechas.
Agregó que en las zonas de cativales, tagua y cocobolo se incrementa una presión cultural hacia estos recursos y una tendencia hacia la práctica de faenas agrícolas y pecuarias que lógicamente aceleran la extinción de ese recurso.
Pineda dijo que el esfuerzo desarrollado entre 1997 y 1999 se ha concentrado en tres aspectos: investigación y manejo de los bosques de Cativo; estudio de la dinámica de las poblaciones naturales de las especies de Tagua y Cocobolo; trabajo de capacitación y divulgación con los componentes humanos que se desarrollan en las áreas adyacentes a los cativales.
El proyecto Manejo de Cativales No Maderables ha cumplido sus objetivos estableciendo un futuro esperanzador para los bosques de cativales, debido a que los involucrados en su explotación tomaron conciencia de que aplicando los conocimientos adquiridos pueden continuar su actividad garantizando la existencia de las especies para las futuras generaciones.