Un grupo de niños desfallecientes, con sus estómagos hinchados por la desnutrición, rodean un tazón con chicha de arroz, mientras su madre, demasiado débil para permanecer de pie, les reparte cucharadas del espeso líquido blanco caliente.
La familia Tubris, del grupo indígena panameño Ngöbe Buglé, no ha podido vender su cosecha de café este año debido al colapso en los precios mundiales y ahora es demasiado pobre para comprar comida suficiente o semillas para autoabastecerse.
Al igual que un número cada vez mayor de indios Ngöbe, empobrecidos por el desplome de los precios del aromático, la familia Tubris lentamente se está muriendo de hambre.
"Mi señora Eneda está demasiado enferma para hablar", dice Juan Tubris, un agricultor de 48 años de Cerro Sombrero, un poblado en las aisladas montañas del occidente de Panamá. "Hay días que no tenemos qué comer".
Los indígenas son víctimas inocentes de una caída en el precio del café que ya se prolonga por tres años, mayormente atribuida a un repunte en las exportaciones de Vietnam y Laos tras una iniciativa del Banco Mundial para alentar la producción en Asia.
El aumento en las exportaciones ha causado una sobreoferta en el mercado, derribando el precio del saco de café de 46 kilos a cerca de 55 dólares en Nueva York, apenas un poco mejor que el mínimo en 30 años de 42 dólares que marcó en octubre.
A través de la provincia occidental de Chiriquí, productora de café en Panamá, la crisis de los precios amenaza ahora a toda la economía local de los 110,000 Ngöbe que viven en la región, incluyendo a personas que no se dedican al cultivo del grano.
Hace unos 10 años, la alta región de la comarca que los alberga prometía grandes cosas para los indios que, perseguidos desde la conquista española hace cinco siglos, finalmente tomaron el control de sus propios destinos.
Tras una lucha de 30 años para lograr autodeterminación en Panamá, los Ngöbe Buglé gradualmente fueron obteniendo el control de un área de unos 6,000 kilómetros cuadrados, bendecida con una de las mejores tierras para producir café en América Central.
A 1,600 metros de altura sobre el nivel del mar, con un clima tropical fresco y un rico suelo volcánico, los Guaymí comenzaron a producir café del grano arábica que se da en las tierras altas.
Tras una exitosa venta inicial de café a través de las grandes compañías cafetaleras de Panamá y planes en marcha para desarrollar la marca Ngöbe y vender café directamente a los tostadores, la comarca prosperó y los beneficios del negocio regresaron a la comunidad local.
Pero algunos años después, cientos de caseríos en la comarca se están convirtiendo en pueblos fantasma.
Los intermediarios han suspendido sus visitas a los pueblos para comprar el café de estos indígenas. Y cuando llegan a verlos, les pagan un dólar por una lata de granos de café no procesado, comparado con los ocho dólares que recibían cuatro años atrás.
Las bodegas de las cooperativas cafetaleras están vacías, los niños deambulan apenas vestidos y descalzos por los caminos de las montañas, los campesinos abandonan el lugar para probar mejor suerte en las ciudades y familias enteras sobreviven comiendo sólo yuca.
"Tenía planeado duplicar mi producción de café este año. Tengo el terreno. Pero no hay gente para comprar el café. Vamos a morir de hambre en los próximos años si nada cambia", dice Justo Villamonte, de 58 años, conocido como Chiodi en lengua Ngöbe.
Los indios dicen que sus problemas han empeorado porque se han convertido en la gente olvidada de Panamá. Muchas comunidades son casi inaccesibles por caminos y están a un día de distancia caminando.
"No podemos desarrollar nuestra industria de café o vender otros cultivos en el mercado porque las carreteras son terribles", dijo Basildes Tugri.
"Estamos solamente a 50 millas de distancia de la carretera Interamericana pero puede tardar seis horas en llegar a la costa con una (camioneta) 4x4. Y nadie tiene un 4x4, por supuesto", agregó con tristeza.