Para sus pobladores, es una cárcel natural. Los grandes cerros y montañas se combinan con las nubes para darle ese toque de soledad. Hato Chamí es uno de los corregimientos de la Comarca Ngobe Buglé, que al igual que otros están sumergidos en la pobreza extrema.
Para llegar a este lugar, hay que entrar por el distrito de San Félix, en la provincia de Chiriquí, pero se necesitan carros con tracción doble, porque los caminos están en pésimas condiciones.
Al llegar a la región, se puede percibir la extrema pobreza, en donde el sistema de salud pública pareciera que no existiera, y la educación requiere mayor atención.
Los indígenas de Hato Chamí se dedican a la agricultura de subsistencia y también a la artesanía, pero esos esfuerzos no se pueden compensar porque no tienen cómo vender sus productos.
Este corregimiento fue integrado a la red de oportunidades del gobierno, luego de que a las jefas de hogar de 517 familias se les entregara 35 balboas, con la condición de mantener a sus hijos en la escuela y que estén en revisión médica.
Otros corregimientos que se beneficiarán con este programa son Soloy, Roka, Kankitú, Santa Catalina y Río Chiriquí, sitios en donde la marginalidad supera el 44% de la población. En Hato Chamí, viven unas dos mil personas, de las cuales 32% lo hacen en condiciones de pobreza extrema.