Padres de familia, estudiantes y docentes de la escuela Nuevo Palomar, ubicada en el distrito de Müna, en la comarca Ngäbe-Buglé, están preocupados porque este centro educativo podría desaparecer producto del embalse que se construye aguas abajo para dotar de líquido el proyecto hidroeléctrico de Barro Blanco.
Según Maicol Jiménez, de 7 años, quien cursa el segundo grado en dicho plantel y tiene que viajar cuatro horas para poder llegar a este, él y todos sus compañeros están interesados en que se conozca si en el sector comarcal se pretende desalojar a las familias que por décadas han vivido en la ribera del río Tabasará.
Por su parte, Gisela Barroso, docente en este plantel, informó que es una lástima que aunque los peritos internacionales de las Naciones Unidas (ONU) le dieran referencia al Gobierno y que el estudio de impacto ambiental que realizó la empresa Generadora del Istmo (Genisa) no contempla estas áreas, se pretenda realizar este tipo de acción en contra de un pueblo humilde.
Barroso precisó que la escuela alberga unos 50 niños, a quienes les cuesta mucho poder salir adelante, y que no es justo que a tan solo dos años de la construcción de las aulas estas estén en peligro de quedarse vacías debido al temor que siente la comunidad educativa porque sus terrenos queden bajo agua para suministrar líquido a la hidroeléctrica.
La docente puntualizó que “si fuera un proyecto que promoviera el desarrollo en las áreas rurales, los originarios estuvieran a favor”, pero destruir los recursos naturales para beneficiar a unas familias foráneas es una total injusticia en contra de la población indígena, que solo exige sus derechos ante semejante problema.