El aguilucho negro lucía indefenso entre las ramas del árbol que había sido derribado y que le sirvió de hogar desde su nacimiento. Su madre huyó ante la destrucción de su hábitat, por el hombre. Seguramente, el polluelo hubiera muerto si el joven ngäbe Alexis Palacio no lo rescata.
A sus 14 años de edad, Alexis decidió cuidar el polluelo que encontró sin plumas. Al verlo tan indefenso, lo llevó a su casa y lo envolvió en trapos, poco a poco empezó a alimentarlo con pan y leche.

El ave rescatada (caracterizada por su voracidad y carácter silvestre) y su protector han llamado la atención de científicos y conservacionistas nacionales e internacionales, que estudian la relación que ambos desarrollaron.
El joven vive en la comunidad de Hacha, en la cordillera central que divide a Bocas del Toro y Chiriquí. Fueron ocho meses de convivencia que terminaron cuando las autoridades decidieron trasladar a Águila, como simplemente era llamada, al Parque Municipal Summit en las riberas del Canal de Panamá.
Al mes, Águila comía pedazos de pollo; ya más grande ingería ratones, pescado y mucho más pollo, tanto que a veces Alexis le daba hasta la presa de su comida.
El joven estudiante aseguró que va a extrañar a su mascota, porque desarrollaron una gran amistad y el ave creció muy rápido. Destacó que solo se dejaba tocar por él, cuando alguien extraño se acercaba, le tiraba picotazos.
Narró con gran nostalgia que, como presagiando la separación, el día antes de que las autoridades llegaran a buscar a su águila, esta se salió de la jaula y voló hasta una loma donde había un árbol muy alto. Entonces tuvo que subir al árbol, metió el ave en una chácara y bajó para colocarla nuevamente en la jaula.
José Hernández, jefe de conservación de la Autoridad Nacional del Ambiente en Bocas, dijo que además de este aguilucho negro, se ha avistado el harpía blanca, que es el símbolo nacional. Los lugares donde más se han visto son las cordilleras de Cricamola, el Parque Palo Seco y el Teribe.