Un tallador o díler (servidor de cartas), que labora en uno de los casinos, a quien llamaremos “R”, cuenta que en cierta ocasión un asiático ingresó a la mesa de pócker, y en menos de media hora perdió 20,000 dólares.
La cólera se apoderó de este sujeto y abalanzándose sobre las barajas, las rompió en pedacitos, en consecuencia se envió su fotografía a todos los casinos de David; hasta hoy no se le ha permitido entrar a ningún otro casino de la provincia.
Lo cierto es que en los últimos 10 años, los casinos han diversificado sus actividades, tornándose en centros de entretenimientos, pero su fin último es exclusivamente atraer y atrapar a los posibles apostadores.
En Chiriquí, la mayoría de estas casas de apuestas ha habilitado salones para almuerzos y conferencias, aunque ubicados cerca de las máquinas tragamonedas o de las mesas de naipes.