En muchos de los delitos cometidos en la provincia están involucrados jóvenes y adolescentes.
Marlene Valdez, encargada del Programa de Salud Mental para el Adolescente, reconoció el problema de seguridad en la provincia, sin embargo, aclaró que no siempre los jóvenes son los responsables.
Manifestó que todo es producto de un conflicto de personalidad, pues el joven es arrastrado a cometer y a vincularse en bandas, con la intención de ganar popularidad o por la misma condición social en que se encuentra.
Señaló que en Panamá y en Chiriquí se experimenta un grave problema de seguridad, porque en estos momentos vivimos dentro de una desesperación social por el riesgo y la incertidumbre ciudadana que impera en las calles.
Apuntó que los problemas actuales de la delincuencia no disminuirán, porque la tendencia es lo contrario en un país creciente como el nuestro.
Indicó que cada vez más la situación económica aumenta, de igual manera la desesperación social y la presión, sobre todo, dentro de los grupos de jóvenes que los llevan a cometer acciones negativas.
De esta misma manera la inseguridad ciudadana se acrecienta, lo que indica que los problemas alrededor son múltiples, pero un joven que está involucrado en esto aún puede salvarse, pero para ello necesita la ayuda de una persona que tenga la capacidad para lograr un cambio, sobre todo, de actitud.
Por eso, sostiene, hay que empezar a estructurar programas en conjunto en donde se incluya al joven, para que esta persona, que muchas veces es punto focal de bandas delictivas, tenga una arma de peso para enfrentar la presión que ejercen los grupos.
Dijo que las sociedades siguen siendo las mismas, más bien lo que ha cambiado es nuestra escala de valores.