MIENTRAS EN dos hogares el dolor y la tristeza son insoportables por la pérdida de un familiar, los sobrevivientes de la tragedia de Valle Bonito tratan de reponerse del hecho, para seguir con su misión en este mundo: enseñar a otras personas.
Esa vocación de servir y cumplir con su calendario de clases llevó a un grupo de docentes a desafiar, sin ayuda alguna, las inclemencias del tiempo para tratar de llegar a su destino.
Al igual que miles de educadores, este grupo se programó para salir de la comarca Ngöbe Buglé, para visitar a sus familiares en Veraguas, Coclé y Bocas del Toro, algo que hacen una vez al mes.
Yamileth Calderón, Lariseth Alaín, Yariseth de González, Marina Castillo, Julio César González y Doris Gough Dixon, junto a su pequeño Derians, estaban de regreso el domingo por la tarde, cuando el destino les cambió sus vidas.
"Por más de 15 minutos de lucha contra la fuerte corriente de la cabeza de agua en el río Grande y El Palmar, le dije a la maestra que no soportaba sostenerme y ella decidió soltarme, y se fue con su hijo. Como pude logré llegar hasta unas ramas de un árbol en el centro del río y allí me sujeté a unos bejucos por más de 24 horas", esto fue lo primero que narró a EPASA, Julio César González, de 22 años, sobreviviente de la tragedia.
En el hecho que aún mantiene consternada a la comunidad, perdieron la vida tres personas, entre ellos un niño, ellos son: Yamileth Calderón, Doris Gough Dixon y su hijo, Derians Castillo, de 12 años (sus cuerpos no se han encontrado).
"Los cuatro quedamos atrapados por la fuerte corriente de la cabeza de agua del río Grande, pero las maestras se pusieron nerviosas y decidieron retroceder. A los pocos minutos, la maestra Yamileth Calderón decidió soltarme y se la llevó la corriente, no la vi más", comentó el maestro González, mientras las lágrimas recorrían sus mejillas.
"Quedamos el niño y la otra educadora Doris Gough Dixon y yo, pero en unos 15 a 20 minutos la fuerza de la corriente era tan fuerte que no lográbamos avanzar; fue entonces cuando la docente Dixon y su niño se despidieron de mí para siempre".
Julio César González dijo que en el intento por salvar a sus compañeros la corriente lo estrelló contra unas piedras, pero no perdió el conocimiento, logrando salvarse como un milagro de Dios.
Marina Castillo, educadora en la escuela de Valle Bonito, que viajaba en el grupo que salió del río antes que los cuatro últimos, comentó que ese día las lluvias eran intensas en el área, pero todos deseaban llegar a sus centros de enseñanza después de cinco y más horas de camino.
Finalmente, el maestro González lanzó fuertes críticas contra las autoridades del Sistema Nacional de Protección Civil de la provincia de Veraguas, por no acudir al lugar de la tragedia para tratar de rescatar a las personas que se encontraban en el percance.
Era su primer empleo como docente. En medio del dolor y la tristeza, los familiares de la educadora Doris Gough Dixon, de 39 años, quien se encuentra desaparecida, conservan la fe y el espíritu cristiano, y recuerdan a sus seres queridos con mucho cariño.
Era la primera vez que Doris salía a trabajar como docente, luego de haberse graduado en el 2005 en la Universidad ISAE, con sede en Changuinola.
No se opuso cuando le dieron la noticia que la habían nombrado en la escuela primaria de Pajonal, corregimiento de Valle Bonito, en el distrito de Kusapín, para salir adelante y ayudar a su madre como era su sueño.
Emérita Dixon, prima de Doris, señala que el día que fue nombrada en esa escuela saltaba de alegría, porque se cumplía uno de sus sueños, sin saber que allí dejaría la vida en cumplimiento de su labor.
Emérita indica que era la tercera vez que la desaparecida realizaba esa travesía y que en ocasiones ella había comentado que no había ningún peligro, porque los ríos eran pequeños, el agua les llegaba abajo de las rodillas, por lo que al escuchar la información, nunca pensó que se tratara de su prima.
Pero no fue hasta el día lunes, a las tres de la tarde, que el esposo llegó a la residencia con la noticia que lo habían llamado para decirle que Doris y su hijo estaban desaparecidos.
La prima de Doris indica que ésta había decidido llevarse a sus dos hijos, ya que eran apegados a ella, pero que ellos le dijeron que primero se instalara bien, luego se llevara a uno y posteriormente al otro.
Doris había sido el sustento de su familia durante diez años, sin la ayuda de nadie, hasta que se casó hace dos años con Celestino González.
El pequeño Derians, de 12 años, salió feliz de su casa porque iba a estar con su madre, a la cual quería mucho.
Derians cursaba el VI grado en la Escuela de Almirante e iba trasladado para Pajonal, a iniciar clases este lunes.
Luchó para salvar a sus colegas
Docentes desafiaron las inclemencias del tiempo para llegar a sus puestos de trabajo y cumplir con el calendario.