Son ocho años que viene padeciendo estas molestias y hasta la fecha no ha encontrado nada que ayude a solucionar su situación. Lo único que le queda es seguir trabajando en la Cooperativa de Servicios Múltiples de Puerto Armuelles (COOSEMUPAR) para llevar el sustento a su hogar.
La situación parece empeorar en la zona bananera, según Guerra, pues sus compañeros de labores también están enfrentando el mismo problema.
"Aquí traen cualquier cantidad de insumos agrícolas y químicos, y sólo nos queda utilizarlos para las plantaciones bananeras, sin saber qué estamos regando", dijo.
Narcisa Cire, empacadora de la finca, coincidió con Guerra en que los químicos siguen causando problemas a quienes viven cerca de las plantaciones.
"Comenzamos con una tos, seguido de asfixia, molestias en la garganta y el olor se vuelve insoportable. Las personas después que regresan de vacaciones se sienten con serios mareos", dijo.
Sostiene que el ambiente que se vive en las empacadoras y dentro de las plantaciones es similar. Las manchas en la piel se comienzan a poner rojas, sobre todo en las áreas que no están protegidas por el guante. No sólo los brazos sufren; también la espalda y el cuello.
Muchos trabajadores se han tenido que retirar de sus labores por la intensa picazón que sienten en su cuerpo.
Destacó que hay un grupo de personas que se han organizado para avanzar en la solución de sus problemas, pero aún siguen esperando.
"Usted viera a mi esposo, se asustaría de verle la piel. Él ya dejó de trabajar con la empresa y por allí anda, y hay otras personas que han quedado estériles por estas circunstancias", expresó.
Los 2,800 trabajadores que trabajan en COOSEMUPAR residen dentro de las fincas bananeras y muchas otras familias en las fincas abandonadas y en los lugares donde la trasnacional bananera Chiquita Brands en su momento produjo banano.
Lo triste del caso es que para el control de la Sigatoka en las plantaciones de bananos, tienen que fumigar el químico desde el aire y algunos residentes sostienen que si no tienen cuidado, el avión los puede dejar bañados.
Ante esta realidad, organismos internacionales han recomendado que los trabajadores que residen en zonas de producción tienen que ser trasladados hacia áreas libres de contaminación.
La mayor preocupación para Guerra es que, a pesar de los años que laboraron con la trasnacional bananera, muchos obreros no tienen casas propias porque siguen viviendo dentro de las viviendas que construyó la compañía cuando llegó a Barú.
La ministra de Vivienda, Balbina Herrera, manifestó el año pasado que por advertencias de organismos internacionales lo que está ocurriendo en las plantaciones de banano es muy peligroso, y se necesitan consolidar algunas propuestas para darle apoyo a los obreros.
Pero en abril de 2005, un grupo de inversionistas internacionales manifestó su interés en financiar los programas de interés social, como es la puesta en marcha de un proyecto habitacional para los trabajadores de la COOSEMUPAR, cumpliendo con algunos requisitos como el sistema de aguas servidas, luz, agua potable y tratamiento de basura.
El proyecto habitacional planteado por los inversionistas en su momento, incluía la construcción de 2, 100 casas de interés social; para ello, los trabajadores podrían ser mudados de las fincas bananeras a un área especial, libre de contaminación. Pero no se ha llegado a nada.
Ahora el problema en esta región se ha agudizado con la mala situación financiera de la empresa productora de banano.
Los trabajadores esperan que el problema de esta empresa se solucione y puedan accesar a nuevas alternativas de vivienda en un área libre de contaminación. Dentro de la cooperativa existen varias hectáreas de terreno que no se usan.