Tomar un vaso de agua es lo que más anhela Moisés Ortiz, un menor de 12 años que no tiene riñones. Sólo le queda pasarse el dedo por el borde de un vaso y llevárselo a la boca, mientras almuerza todos los días sentado a la mesa con sus dos hermanos.
Moisés es uno de tantos niños de Finca Zapatero, en la región bananera de Barú (Chiriquí) que tienen problemas de salud y que espera que le donen un riñón.
Son 12 años que están a la espera de un trasplante de riñón y no ha llegado. Mientras aguarda por el milagro sigue consumiendo 16 onzas de líquido al día, incluyendo el que lleva la comida porque si pasa este nivel, su cuerpo puede tener serios problemas.
Aunque se encuentra casi en la etapa terminal de su vida, no ha perdido la esperanza de seguir adelante, a pesar que debe viajar todas las semanas a la ciudad capital para realizarse el tratamiento de hemodiálisis.
Sus padres, que dependen de la actividad bananera, quieren salir adelante pese a los graves problemas financieros que viene enfrentando la Cooperativa de Servicios Múltiples de Puerto Armuelles (COOSEMUPAR).
Con mucha tristeza, Iván Ortiz padre del menor, explicó que ya está en la etapa final, porque desde hace dos años sus riñones no funciona y se los quitaron.
"Él nació con problemas en los riñones y a medida que fue creciendo el problema se comenzó a incrementar. Primero fue la diálisis y ahora le están haciendo hemodiálisis, cada día vemos que nuestro hijo se sigue deteriorando físicamente", dijo.
El problema fue más allá, el menor no oye porque perdió la audición, la presión arterial ha bajado y al momento que acumule mayor cantidad de líquido su vida corre más peligro.
Sus familiares lamentan la situación, pues el niño cuando observa a sus hermanos tomar agua le agarra los vasos y le pasa el dedo para mojar sus labios.
Ortiz agregó que no le queda otra alternativa que seguir trabajando en COOSEMUPAR donde su salario no alcanza ni los B/.200 por mes y carece de las facilidades para darle una buena alimentación a su hijo.
La situación para Moisés no es fácil, ya no puede viajar en bus de ruta porque no aguanta el camino y su familia está entre la espada y la pared, porque lo poco que gana tienen que darle para la alimentación de su espesa en Panamá.
Ante la deuda que mantiene la cooperativa con la CSS, Moisés no puede sacar algunos de los medicamentos porque carece de una ficha de Seguro Social.
El menor necesita un acondicionador de aire.
Mientras espera que algún panameño le pueda donar un riñón y salvar su vida.
Moisés lucha por su vida
Al no poder viajar en autobús, todos los martes lo hace en avión hacia al Hospital del Niño en la capital y regresa a su hogar los jueves en horas de la tarde.