Hace un año, las aguas de los ríos Caimito, Aguacate y San José arrastraron con sus corrientes tempestuosas casas, automóviles y enseres de miles de residentes en Panamá Oeste.
Fue en la madrugada del 25 de noviembre de 2012 cuando ocurrió la más grande inundación en el oeste, que dejó 2 muertos en Capira por un alud de tierra y cuantiosas pérdidas materiales, sin duda millonarias.

Ese día, La Chorrera se preparaba para la celebración del 28 de Noviembre, en tanto que los residentes de Arraiján y Capira iniciaban sus preparativos para las festividades navideñas, pero de la noche a la mañana todo cambió.
El alcalde chorrerano, Temístocles Herrera, tuvo que anunciar la cancelación de los desfiles y pidió a la ciudadanía apoyo para los afectados, igual llamado hicieron los alcaldes de Capira, Ivan Sauri, y de Arraiján, Manolith Samaniego.

Sectores de esos tres distritos del oeste, incluyendo la Interamericana que los une, estaban anegados, a tal punto que en algunos sectores de Mastranto, Limón, El Trapichito, Flamingo, La Revolución, Villa Diana, Parque del Oeste, Ollas Arriba y Ollas Abajo, y otras áreas, no se veía tierra.
Norma Delgado Cervantes vive en El Trapichito, y recuerda que no llovía cuando regresaba de un paseo, pero le fue imposible entrar a su hogar porque las aguas se lo impedían.
“Desde la calle, un vecino navegaba en una especie de piragua, tratando de salvar algunos enseres”, dijo.
Heriberto Chávez, director regional del Sistema Nacional de Protección Civil (Sinaproc), relata que por la magnitud del desastre, el oeste fue declarado Zona de Alerta, y estamentos como los bomberos, Cruz Roja, Aeronaval, Policía, Miviot, Obras Públicas, municipios y privados establecieron un pie de fuerza para enfrentar la situación, y se tuvo que traer personal de refuerzo de otras partes del país.
Claudina de Becerra, quien perdió muebles, ropa y electrodomésticos, y que reside al lado del río Caimito, recibió 3,000 dólares para resarcir erogaciones.
Sin embargo, y aunque siente que la construcción de un talud por parte del MOP está cumpliendo su objetivo, se queja de que le están acumulando tierra al frente de su casa, lo que mantiene enfermos a ella y a su familia. Igual situación atraviesan Zoila Bustamante, e Istmenia Peccio, residentes en Villa Diana.