Desde hace tres años, existe una alternativa educativa y recreativa para los niños indígenas que año tras año participaban junto a sus padres en la recolección de la zafra cafetalera, por lo que eran privados de asistir a la escuela y se le violaba muchos de los derechos propios de su edad.
Es costumbre que los ciudadanos indígenas, quienes constituyen más del 90% de la mano de obra que realiza los trabajos de cosecha de café en las zonas agrícolas de la provincia de Chiriquí, viajen en compañía de toda su familia para juntos participar.
Una encuesta demostró que la situación provocaba que más del 80% de los niños que viajaban en compañía de sus padres a las plantas cafetaleras, sin importar la edad, trabajaban junto a sus padres como recolectores, por lo que muchos perdían el año escolar.
El trabajo infantil antes de los 14 años es una actividad prohibida, ya que viola los derechos de los niños. Sin embargo, en Panamá las estadísticas demostraban que específicamente dentro de las zonas cafetaleras y las zafras de caña, existía un alto porcentaje de menores realizando labores de adultos.
Tras el análisis del problema, Casa Esperanza creó desde hace tres años el programa modelo alternativo al trabajo infantil, que se desarrolla durante los meses de cosecha.
Melvis Valdés, quien lleva dos años de participar como docente dentro de las fincas, considera que definitivamente este ha sido un proyecto que ha permitido modificar el nivel de vida intelectual de los niños indígenas, incluso de sus padres, quienes también participan.
Valdés explica que el programa funciona como una escuela, donde se les brindan diferentes programas de desarrollo, en salud, educación, recreación y otras áreas.
Además, los grupos se encuentran distribuidos en dos grupos: edad preescolar, donde participan niños desde los 4 años hasta los 6 y los de 7 a 14, los cuales están bajo el cuidado de ellos, desde las 8:00 a.m. cuando sus padres se van a las fincas, hasta las 4:00 p.m. cuando regresan a los campamentos.
Los centros de atención que están ubicados dentro de las mismas fincas cuentan con el apoyo económico de los propietarios de estas, quienes asumen el costo de las meriendas y comidas que se les brindan a los niños.
Estos programas tienen una duración de tres meses en cada finca, a partir del mes de noviembre o diciembre, cuando inicia la zafra cafetalera dentro de las fincas, y a pesar de los inconvenientes que se tuvieron que enfrentar, según Valdés, ha permitido mejorar la calidad de vida de estos niños.
El lugar destinado para albergar a los niños, aunque es muy limitado físicamente, pues es dentro de los mismos campamentos, señala que ha sido acondicionado tomando en consideración la actividad que se desarrolla.
Manifestó que los padres han acogido de manera positiva este proyecto, pues han aprendido que dentro de las fincas sus hijos tenían riesgos permanentes por la inseguridad ambiental que existe.
En el desarrollo de los programas intervienen la Universidad Autónoma de Chiriquí, como organismo capacitar que proporciona a las docentes; los caficultores que apoyan económicamente y permiten el desarrollo de este dentro de sus fincas; Casa Esperanza, como organizador y la UNICEF con su apoyo y asistencia.
Para este año se tiene previsto la participación de unas ocho fincas ubicadas en las tierras altas de la provincia de Chiriquí, entre las cuales están: Café D" Eleta, Café Olé, Los Cantares, La Esmeralda, La Panda, El Encanto, Café Kotowa, Los Alpes.
Hasta el año pasado unos 480 niños participaron del programa, lo cual representa aproximadamente un 40% de los niños que se mantienen dentro de las fincas cafetaleras.