Los niños indígenas de la comarca Wargandí, en la provincia de Darién, no tienen derecho a estudiar, sólo al trabajo. Y es que así lo ordenan sus preceptos y los sáhilas. Esta medida ha propiciado que los índices de analfabetismo en la población infantil de las provincias centrales, Chiriquí y Bocas del Toro, aumenten de forma alarmante.
Una situación similar atraviesan hoy día los pueblos Wala, Nurna y Tuke Duma, poblados kunas de la comarca Wargandí. A los niños y jóvenes de estas regiones se les ha negado por generaciones el derecho a prepararse en escuelas o centros educativos. Este grupo, que supera los 1,000 habitantes, no sabe leer ni escribir.
A los Iveorgun (ídolos o sabios), no les interesa la educación, porque según las tradiciones, el conocimiento académico les perjudica, puesto que "el trabajo y la familia son lo más importante"; al que trabaja, Bab Dummad (Dios) le ahorra ese esfuerzo en el cielo.
Los pueblos de Wala y Nurna se crearon poco después de la colonización y según el departamento de Política Indigenista, se establecieron en esa zona en el año 1500, cuando los grupos indígenas chocoes se unieron a los españoles para enfrentar a los aguerridos kunas en la época que luchaban por permanecer en la región de Darién. Mientras que el poblado de Tuke Duma se creó hace sólo unos meses.
Wala significa abundancia de hojas, es una comunidad que sobrepasa los 800 habitantes, actualmente no tiene formalizada ninguna institución pública, aunque hacen algunas gestiones para tener un puesto de salud comunitaria. Es una región plagada de malaria endémica, ya que no aceptan fumigar las residencias, usar mosquiteros o medicarse.
La mayoría de los indígenas se dedica a la agricultura de subsistencia, siembran café, conserva la vegetación porque las enfermedades son tratadas por curanderos a través de la medicina tradicional. Practica la pesca individual y la cacería. Como un adelanto positivo, recientemente aceptaron la creación de un subcentro de salud, según señaló José Lino Pérez, miembro de la fundación DogoYala.
En tanto Nurna, que significa fruta que arde, es un poblado con 300 habitantes, que practica las mismas actividades agrícolas que Wala. Su población sufre los estragos de la malaria y se resisten en ocasiones a medicarse contra el paludismo. Ambos pueblos están ubicados en las orillas del río Chucunaque.
Esta comunidad está próxima a convertirse en la cabecera de la Comarca Wargandí, debido a los cambios que se están dando, ya que aceptaron la enseñanza primaria, el acueducto rural y un futuro subcentro de salud. Mortí, con 400 habitantes; Wala con 800, Nurna con 300 residentes y el recién creado pueblo Tuke Duma con 80 personas, pertenecen a Wargandí.
A estos sitios es posible llegar a través del río Chucunaque y sus afluentes que los conectan. También lo hacen por tierra, vía Panamericana, entrando por Cañazas o Agua Fría. Además pueden comunicarse a Kuna Yala vía terrestre cruzando la serranía de Darién. Los indígenas de Mortí, uno de los pueblos más organizados, siempre han tenido más influencia de los dirigentes de San Blas y de los grupos religiosos norteamericanos. Pero no fue hasta la década del "60 que los sáhilas solicitaron la creación del centro educativo en el nivel primario. Hoy muchos jóvenes han cursado la secundaria y la universidad.
Curiosamente, los familiares de los sáhilas salen a prepararse, aunque sea en el nivel primario. Los sáhilas, jefes absolutos de estas comunidades, no aceptan que los niños, jóvenes y adultos se superen, porque aseguran que esas enseñanzas los harán cambiar, perderán sus costumbres y tradiciones y más que nada la enseñanza los influenciará contra Iveorgun y los pondrá a favor de Nía (el diablo).
"No deben aprender cosas del mundo civilizado, sino lo tradicional. Tiene que mantenerse la obediencia absoluta a los sáhilas a través del analfabetismo", aseguran. Desde niños todos deben producir al máximo en las labores agrícolas, artesanías y aprender a ser responsables.
En ese sentido, el responsable de este grupo cultural en el departamento de Política Indigenista del Ministerio de Gobierno y Justicia, Leonardo Muñoz, sostuvo que estas comunidades se quedaron rezagadas después de la colonización española en la región límite entre Panamá y Darién.
"El grupo se fue marginando y tradicionalmente para ellos lo importante es la familia y el trabajo", indicó. Según un residente en la comarca, Benjamino López, quien cursó hasta el VI grado en Ustupu, en Kuna Yala, narró que "los niños y niñas de ambas comunidades no tienen conocimiento de la importancia de leer y escribir, ante la ausencia de centros educativos".
A través de los siglos estos dos pueblos han vivido en la misma rutina, los niños y niñas desde muy pequeños se dedican con sus padres al trabajo agrícola, especialmente al cultivo de café, aguacate, plátano y arroz. Las niñas desde muy pequeñas deben conocer el arte de coser y confeccionar sus ropas y artesanías.
Los niños y jóvenes que han llegado a estudiar en Wala, Nurna y Tuke Duma son los hijos, nietos, sobrinos y otros parientes de los sáhilas, quienes se trasladan a Kuna Yala o la ciudad capital y a otras regiones, y en casa de familiares o amigos cursan el nivel primario, primer ciclo y cuando regresan a las comunidades son designados traductores o secretarios de los dirigentes.
Otros que han logrado estudiar son los adolescentes, quienes salen a otros pueblos como San Blas, Agua Fría y Santa Fe. En ese sentido, José Lino Pérez, de la comunidad de Tuke Duma, quien estudió en La Villa de Los Santos, en el Colegio José Daniel Crespo, señaló "es un concepto equivocado el de los sáhilas, al decir que no se pueden abrir escuelas porque pierden su cultura, abandonan el trabajo, y la familia. Hay mucha gente que quiere ayudar a los kunas de Wargandí, pero con esa postura nuestros pueblos no progresarán".
Sobre el papel de Política Indigenista del Ministerio de Gobierno y Justicia y el Ministerio de Educación, Muñoz explicó que "antes había una completa ignorancia sobre los indios, con la revolución kuna y la penetración norteamericana en San Blas, los pueblos fuimos exigiendo lo justo para nosotros".
Tampoco existía una programación ni compromisos de los gobiernos de turno con los pueblos indígenas y los proyectos educativos, salud y superación comercial no alcanzaban a estos pueblos, mucho menos a Wala y Nurna que continúan rezagados.
En la actualidad este departamento se está dedicando a la delimitación de la Comarca Wargandí, principal elemento en la vida para este grupo. Un grupo de la población de Nurna construyó un rancho como centro educativo, que por su gran cantidad de niños de nivel primario, deben nombrarse tres docentes y están en espera que este año se inicien las clases.
La educadora Mélida Asprilla, indicó que estos grupos de población se resisten a aceptar la educación y aunque por generaciones diferentes gobiernos han hecho muchos intentos, no se ha logrado la aceptación de las escuelas.
"Los dirigentes indígenas de Mortí tienen una tremenda organización y apoyan muchísimo a los educadores latinos que dictan clases allá, y están promoviendo y explicándoles a las poblaciones de Wala, Nurna y ahora Tuke Duma, que deben estudiar para que en un futuro puedan defender a su pueblo", mencionó.
La decisión de un grupo de habitantes en Wala interesado en tener su escuela, un acueducto y subcentro de salud, es palpable, sin embargo, otros siguen mostrando su rechazo. Lo anterior ha provocado división. El sáhila Genardino López, señaló a El Panamá América que no permite una escuela en su pueblo, "porque los niños y niñas pierden su cultura, no trabajan y abandonan su familia". En sus palabras se percibía, más que intransigencia, un enorme deseo de preservar sus raíces por varias generaciones, además del desconocimiento de las ventajas de educarse.
Asprilla indicó que "aunque respetamos las tradiciones y culturas, seguiremos luchando para que los organismos Internacionales, sáhilas y amigos kunas, logren convencer a los dirigentes de Wala y Tuke Duma que aún se resisten a la apertura de centros educativos primarios en la Comarca Wargandí".
Afortunadamente, otros niños kunas han tenido mejor suerte. Ya que en los pueblos de Paya, Púcuru y Punusa, se crearon tres escuelitas para beneficiar a los indios kunas, emberás, wounaán y a los niños colombianos desplazados en nuestro país. El momento es propicio para elogiar la iniciativa de la comunidad Nurna, que ya tienen su escuelita con más de 60 estudiantes, por lo que la tarea en Wala y Tuke Duma, apenas comienza.
Niños de Wargandí: nacen sólo para trabajar
Los sáhilas les niegan el derecho a estudiar porque temen que pierdan su cultura y abandonen a la familia.