Este joven, al igual que muchos otros niños entraron en pánico cuando las aguas estaban inundando sus casas. Hoy se ríen ante las cámaras, pero los momentos que vivieron fueron muy aterradores tanto para ellos como para sus padres.
Ahora sólo se palpa la desolación, que se conjuga con un clima de preocupación y necesidades socioeconómicas. Hoy las zonas productivas de las bananeras independientes en Divalá y en el sector de Chiriquí Viejo viven esa cruda realidad; además de la crisis que hay en este sector, se suman las inundaciones.
Sus habitantes esta vez no sólo piensan en la falta de empleo, sino en qué comerán en los próximos meses, luego que la furia del río acabara con su agricultura de subsistencia.
Edith Baúles y su esposo Rodolfo Rodríguez lamentan este duro golpe de la naturaleza, aunque sin cuestionarlo, no les queda otra alternativa que aceptar los designios de la vida.
Tienen ocho hijos y a su avanzada edad, con un nieto entre sus brazos, desconocen su futuro; la casa donde vivían era de cañazas y el piso de tierra quedó convertido en lodo.
Aunque salieron aquella noche del martes completamente mojados por el fuerte aguacero que azotaba la región, sus dos hijos más pequeños los sacaron en brazos, con temor de que el río Chiriquí Viejo se llevara todo.
La familia Rodríguez Baúles sólo sabe que el agua había mojado la ropa que tenían en las cajetas y los colchones.
Rodríguez como jefe de la familia aseguró que si el río se llevó los cultivos, el problema es mayor, porque sólo aguanta el arroz que cosechó para un mes y medio.
Su hijo Luis de 16 años dijo que daba miedo porque todo estaba oscuro y se escuchaba el tronar del río mientras el agua continuaba aumentando.
En tanto Edith, hija de esta pareja, quien está casada y tiene un bebé de siete meses, agregó que tanto el río Gariché como el Chiriquí Viejo se desbordaron de una manera increíble que les causó un gran pánico.
"Yo quería salir rápido de ese lugar, cuando llegó la gente a buscarnos fui la primera que me subí al carro con mi bebé", dijo.
La ropa del bebé se mojó por completo y el problema económico que ha tenido la agobia más ahora.
El mismo cuadro que presenta la familia Rodríguez es el de muchas otras que residen en el corregimiento de Nuevo México, distrito de Barú, dentro de la zona bananera independiente donde hay 86 personas que también quedaron damnificadas.
De acuerdo con el último informe del SINAPROC, hay 904 personas damnificadas.
Se reportan 240 familias afectadas.
Hay siete albergues: Gimnasio de San Lorenzo, Junta Comunal de Progreso, Colegio Secundario de Divalá, Iglesia Evangélica Esperanza, Iglesia Abventista de Majagual y las Oficinas de ANAM en la Comarca Ngöbe Buglé (622 refugiados).