Con el establecimiento del Plan de Gestión Integrada de Ecosistemas, concluyó exitosamente el Proyecto Binacional Sixaola que se adelantó entre Panamá y Costa Rica de 2009 al 2013.
El proyecto se realizó a lo largo de cuatro años con capitales no reembolsables del Fondo para el Medio Ambiente Mundial (GEF, por su sigla en inglés), organizaciones no gubernamentales, cooperativas y asociaciones, y la cooperación técnica financiada por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID).
Los cuatro millones de dólares destinados para el proyecto fueron distribuidos en capacitaciones para los residentes de la cuenca en ambos países, estudios de localización y mapeo de fuentes de contaminación, así como un sistema de información territorial de última generación.
Producto del proyecto, en el caso de Panamá, específicamente en la comunidad portuaria de Almirante, provincia de Bocas del Toro, se logró el establecimiento del proyecto de engorde de pargos en jaulas, el cual ha marcado la actividad pesquera liderada por la Unión de Pescadores Artesanales de Bocas del Toro (Upesabo).
Mientras que en Costa Rica se estableció un convenio para el Plan de Gestión Integral de Residuos Sólidos en Talamanca, al igual que la sensibilización de la población indígena y no indígena sobre la importancia de recuperar y utilizar métodos de producción agrícola tradicionales amigables con el ambiente.
Alfonso Sanabria, coordinador general del proyecto, dijo que se financiaron y acompañaron con asistencia técnica 18 pequeños proyectos de producción sostenible y sobre usos apropiados de la biodiversidad, a través de fondos semillas, fincas integrales, jornadas de capacitación, duración de equipos e insumos para la producción.
Sanabria informó que en las capacitaciones técnicas y operativas participaron funcionarios de la Anam (Autoridad Nacional del Ambiente), Minae (Ministerio de Ambiente, Energía y Mares de Costa Rica), Mida (Ministerio de Desarrollo Agropecuario), MAG (Ministerio de Agricultura y Ganadería), Minsa (Ministerio de Salud), Meduca (Ministerio de Educación), MEP (Ministerio de Educación Pública), Sinaproc (Sistema Nacional de Protección Civil), CNN de Talamanca-Caribe de Costa Rica y Changuinola en Panamá y la Asociación Corredor Biológico.
Además, en conjunto con el Instituto Smithsonian de Panamá, se desarrolló una investigación sobre el estado de las poblaciones de manatí en los humedales de San San Pond Sack, ubicado en la provincia de Bocas del Toro y Gandoca – Manzanillo, en Costa Rica. Gracias a ello, utilizando equipos y tecnologías avanzadas, por primera vez se tendrá una imagen más acorde a la realidad local de esta importante especie en peligro de extinción.
Por su parte, Rodrigo Coloane, especialista en Recursos Naturales y Medio Ambiente del BID, dijo que como socio de Panamá y Costa Rica, desea estar presente y continuar con otros proyectos, si los requerimientos llegan al banco.
Coloane sostuvo que por primera vez en el atlántico panameño se está criando pargos en jaula, proyecto por el que hay mucha expectativa, porque por medio de este se puede dotar de peces frescos a los restaurantes y la población.
Para ello, los casi 80 asociados de la cooperativa Unión de Pescadores Artesanales de Bocas del Toro (Upesabo) deben viajar cada día mar adentro para capturar los alevines que luego engordarán, lo que representa un grave peligro, debido a que los peces cada vez están más distantes de las costas, por diversas razones.
Según Marta Machasek, presidenta de Upesabo, efectivamente, criar pargos en jaulas pasa a ser una gran alternativa a mediano y largo plazo. Actualmente, con los fondos otorgados y el aporte estatal de la Autoridad de Recursos Acuáticos de Panamá (Arap), se han recolectado cerca de dos mil aluvines o parguitos recién nacidos, los que ya están en las respectivas jaulas donde se les cuida y alimenta hasta que tengan un peso superior a la libra.