Carlos Raúl Ayala Bocanegra, de 42 años, Edgardo Acevedo Marrugo de 31, Jorge Nacer Lamir, de 36 e Imanol Orozco Puello, de 32, deciden embarcarse en Cartagena, República de Colombia, en el Shin Yeon 6, con bandera de Taiwan, sin pensar que su vida estaría en peligro.
A cambio de B/. 200.00 mensuales y B/. 150.00 de bonificación, estos cuatro pescadores colombianos se lanzaron a la aventura, pero 20 días después de haber iniciado la travesía, comenzaron a padecer de extraños síntomas., que los obligó a pedir al capitán que les proporcionara ayuda médica.
SINTOMAS
Los primeros síntomas que sufrieron los pescadores fueron escabiasis, vómitos y diarreas con sangre, además de alergias, lo que les hizo pensar que posiblemente eran víctimas del hantavirus.
Jamás imaginaron que vivirían días tan amargos, según cuentan, ya que el contrato que hicieron con el Capitán Hisashi Chiba era para pescar "sólo en aguas colombianas", pero para su sorpresa viajaron hasta el sec tor del Atlántico.
Los días transcurrían, entre lamentos y frustraciones, para estos humildes hombres, ya que el agua que tomaban era tan chocolate como la tierra, para bañarse lo hacían con agua de mar, los sanitarios tenían condiciones deplorables, además las heces iban directo al mar y lo peor, los colchones donde dormían despedían un olor desagradable.
El hacinamiento y la situación insalubre de la embarcación fue corroborada por funcionarios de Sanidad Marítima Internacional, las ratas y cucarachas, se habían adueñado de la nave china, mismas que caminaban sobre los 29 tripulantes, de los cuales 27 eran asiáticos.
Los alimentos que recibían eran la ración de pescado que habían sido devorados por los tiburones, mientras que otros comían los que estaban putrefactos.
CONDICIONES INFRAHUMANAS
En los camarotes, donde varios dormían en el piso y otros apretados en los colchones dañados, se observaba una gran cantidad de excremento de ratas.
La llamada de los funcionarios de la Autoridad del Canal alertó a Sanidad Marítima, quienes descubrieron que el barco no contaba con los certificados de desratización (erradicación de ratas) y el agua de los inodoros iba directo al mar.
Las recomendaciones no se hicieron esperar, inmediatamente se procedió a sacar fuera del rompeolas a este barco, además de fumigar, hacer el cambio de agua contaminada a potable, limpieza y cloración del tanque de agua, vacunación de la tripulación y los exámenes generales de laboratorios.
La preocupación de la Cónsul de Colombia en Colón, Rosmery Martínez, no se hizo esperar, al observar los cuerpos de sus coterráneos llenos de llagas y picadas, que la llenaron de indignación.
La diplomática solicitó que los colombianos fueron enviados a su país de origen, luego de darles los tratamientos que requieren, y pidió que se iniciará una investigación.
Esta situación ha llamado la atención de las autoridades internacionales, pues no entienden como un barco que no tiene permisos, ni registros, licencias de navegación de la Organización Marítima Internacional, se encuentre navegando sin ser detectada.
Los pescadores colombianos solicitan la intervención de los Derechos Humanos, no sólo por ellos, sino por la tripulación de 27 asiáticos maltrados físicamente por el Capitán Chiba.