Entre la espada y la pared han quedado muchos productores en Boquete. Aunque sus fincas gozan de una excelente ubicación, en lugares donde emerge el agua cristalina de las entrañas de las montañas, el peso de las deudas bancarias los ha llevado a venderlas.
Los ofrecimientos de compras de tierra a muy buenos precios están a la orden del día, por parte de ciudadanos extranjeros que ven en Boquete su segunda tierra: un lugar ideal para vivir.
El productor se enfrenta a una realidad donde tiene que tomar una decisión. Si vender sus propiedades para el crecimiento del turismo residencial o seguir produciendo comida para el país.
Juan González es uno de los pocos productores en Boquete, que decidió quedarse con su finca para seguir cultivando la tierra, que al final le deja mejores beneficios económicos, que vender la propiedad.
Hace algunos años estaba con los mismos problemas de los productores que dependían exclusivamente de los rubros tradicionales como la papa y la cebolla, que al final de cada cosecha registraban pérdidas, porque no había mercado para comercializarlos.
La introducción de nuevas tecnologías, el sistema de invernadero y la utilización de mejores semillas, le ha dado la oportunidad de tener un crecimiento sostenible de su empresa.
Aunque haya un fuerte auge del turismo residencial en Boquete con la llegada de los americanos y canadienses, quienes en su mayoría buscan comprar propiedades a muy buenos precios, él prefiere seguir dependiendo de la agricultura.
Sólo en estructuras de 600 metros cuadrados ha logrado, bajo el sistema de invernadero, sacar una producción continua de pimentones y ajíes, que ubicó en un mercado seguro antes de producirlos.
Es decir, que el problema del agro no está en la producción, sino en la especulación y en consecuencia no se tiene, al final de cada cosecha, al comprador del producto.
A su juicio, el productor debe vender antes de sembrar, de tal forma que haya un precio estable sin depender de las altas y bajas del mercado, y cultivar productos que sean competitivos para la comercialización.
Este sistema le puede dar un auge al productor de seguir produciendo con un precio, una ganancia estimada y la cobertura de sus costos de producción. A diferencia del sistema tradicional, donde el productor adquiere altos compromisos bancarios y se inclina por los mismos cultivos, que al final terminan en una sobreproducción del mercado nacional, al momento de registrarse las importaciones.
Rodrigo Marciaq, empresario de Boquete, explicó que el turismo residencial ha aumentado la afluencia económica en el distrito, al punto que algunos indicadores manifiestan que hay cero desempleo.
Destacó que esta afluencia requiere urgentemente de un ordenamiento, tanto territorial como ambiental, para que Boquete pueda seguir creciendo, pero de forma ordenada.
Productores de Boquete apuestan a la tierra
El aspecto de turismo de jubilados extranjeros, ha ampliado la oferta de productos no tradicionales.