Desde hace 17 años, el Estado panameño ha becado a jóvenes indígenas en carreras importantes y, a pesar de que hay un compromiso moral, cuando regresan preparados no quieren brindar sus servicios en los pueblos de cuales son oriundos.

Se trata de jóvenes indígenas que, casi en su totalidad, son de la etnia ngäbe y quienes durante los diferentes gobiernos, iniciando con el del expresidente Ernesto Pérez Balladares, en 1996, han sido enviados a estudiar Medicina a Cuba.
Uno de los compromisos adquiridos por los estudiantes fue trabajar con el Ministerio de Salud (Minsa) en centros de áreas apartadas, principalmente de la comarca Ngäbe-Buglé, y no porque más nadie quería ir a trabajar allá, sino porque ellos hablan el dialecto y al ser indígenas, debe haber más confianza con los pacientes de los cuales un gran número profesa la religión mama tata.
Esta religión impide, en muchas ocasiones, que extraños toquen o traten a sus miembros, y no aceptan inyecciones ni otro tipo de medicinas. Ante este panorama, las autoridades concluyeron en que si jóvenes de la etnia se preparaban en medicina, sería más fácil que la atención médica llegara a estas personas sin causar traumas ni desconfianza.
El doctor Carlos Castillo, actual director provincial del Minsa, sostuvo que el plan iniciado por el doctor Carlos Flores, director del Minsa en Bocas del Toro en 1996, cuando fue enviado a Cuba el primer grupo de estudiantes compuesto por unos 20 jóvenes, es bueno.
El médico aseguró que en 2001, bajo la administración de Mireya Moscoso, se enviaron a otros 50 jóvenes a estudiar a Cuba y se tuvo la misma experiencia. Cuando regresaron con sus diplomas prefirieron esperar una oportunidad para trabajar en diferentes puntos del país, menos hacerlo en áreas de difícil acceso como la comarca de la cual son oriundos.
Agregó que de estos grupos de profesionales, algunos están trabajando en Colón, Panamá, Chiriquí y en otros lugares del país, ya sea en instituciones de salud públicas o privadas.
Desde hace unos cuatro años, otro grupo compuesto por alrededor de 35 jóvenes se encuentra estudiando en Venezuela y Cuba, y se espera que al volver no se repita la historia.
Salud en la comarca
El 30 de este mes, el Minsa debe recibir un Minsa Capsi situado en finca Las 30. Un total de cinco médicos trabajarán allí y de ellos, tres son indígenas.
Castillo dijo que no solo faltan médicos, también se necesitan muchos asistentes de salud para áreas de difícil acceso.
En la provincia de Bocas del Toro, hay un hospital, 20 puestos de salud y 12 centros de salud, donde no solo trabajan médicos, sino que también se requieren asistentes y los disponibles son pocos, y de esos, muchos no quieren laborar en esos lugares porque en ocasiones uno solo debe atender a pacientes de dos puestos de salud, teniendo un calendario para cada lugar.
Algunos de los principales centros de salud están en La Mesa, Chiriquí Grande, Valle Riscó, Higuerones, Finca 6, Las 30, Las 60, e isla Colón, entre otros. En este último punto se ubica el hospital.
La necesidad de médicos se acentúa en la comarca, donde existe un hospital, 98 puestos de salud, 2 subcentros y 11 centros de salud, según informó el director médico de la comarca Ngäbe-Buglé, doctor José Stonestriit, egresado de la Facultad de Medicina de Rusia, y quien es un vivo ejemplo del tema.
A pesar de que son unos 70 médicos graduados a través de becas del Estado, la disponibilidad de galenos que hablen el dialecto y conozcan la idiosincrasia de la gente indígena es escasa.
Rocío I. Martins A./rocio.martins@epasa.com
De nada sirve que el Estado destine un presupuesto especial para elevar el nivel educativo de los miembros de las sociedades indígenas, si estos, una vez que se gradúan, no ejercen los conocimientos adquiridos en beneficio de su gente, como se espera.
Las condiciones bajo las cuales el Estado hace este tipo de inversiones debería replantearse y convertir el acuerdo moral en un requisito legal ineludible para que, por lo menos durante los primeros años de ejercicio de la profesión, el indígena favorecido se traslade a sus comunidades de origen y aplique lo aprendido para el bien de su propia etnia.
Si no se delimitan responsabilidades, la problemática existente en las alejadas regiones indígenas continuará y las instituciones de salud seguirán carentes de personal idóneo, al igual que las escuelas, donde se replica la situación.
