Los niños que asisten a la escuelita del sector de Playa Chiquita reciben clases en condiciones precarias e insalubres, por la próximidad del vertedero de La Chorrera, denunció el maestro Rufino Rodríguez, al tiempo que solicitó a las autoridades visitar el área y ayudar a solucionar este problema.
Dentro de un local prestado por la Iglesia El Nazareno, a menos de 50 metros del vertedero, con piso de tierra cubierto por alfombras sacadas de la basura, asediados por las moscas y las pulgas, reciben clases los niños de Playa Chiquita.
Estos suman unos 20 menores, con edades que oscilan entre los 6 y 15 años, muchos de ellos de 13 y 14 años, que por primera vez asisten a la escuela. Además padecen de mala nutrición por la precaria situación de sus hogares.
A pesar que desde hace dos años los moradores de esa comunidad insisten en la necesidad de crear una escuela en el lugar, no fue hasta el mes de mayo que los niños de Playa Chiquita iniciaron clases.
Los alumnos debido a la gran distancia y falta de recursos, no pueden acudir a planteles del centro de La Chorrera.
En la comunidad no sólo los estudiantes pasan trabajo, sino también el maestro Rufino, quien a diario debe solicitar a un camión que transporta basura que lo lleve hacia la escuelita.
Señaló el educador que espera que las autoridades visiten el lugar, porque él ha conversado con los legisladores, a visitado el Municipio, al Instituto de Acueductos y Alcantarillados Nacionales y todo el mundo lo ve como algo lejano que no le compete.
"Con los niños tenemos muchos proyectos, como hacer huertos escolares y muchas cosas, pero por el momento sólo tenemos un balón para hacer deporte que nos dieron los muchachos de la universidad, que yo les estoy muy agradecido", dijo el maestro.
La prioridad en estos momentos es construir un local donde puedan dar clases más cómodamente el próximo año, para lo cual tienen en mente recoger una donación de bloques, mientras que la directora regional de Educación, Miriam Aguilar, habló de aportarles el zinc del gimnasio del Colegio Moisés Castillo Ocaña.
Sobre esta posibilidad, habría que verificar si el zinc, que fue eliminado del techo del gimnasio del Colegio Moisés Castillo Ocaña, por la contaminación de fibra de vidrio, no sería nocivo para la salud de los niños del área.
Los niños de Playa Chiquita necesitan que las autoridades los visiten, para que se percaten de la cercanía del vertedero.