Ese sonido que perturba el oído y que ahuyenta a cualquiera de una consulta odontológica, no es nada.
Hay quienes van para recibir orientación por una desviación sexual, o para saber si le han transmitido una enfermedad, como el SIDA.
En todos estos casos los estudiantes tienen que acudir acompañados, pasando una gran vergüenza ante sus acudientes.
La estadística demuestra que evitan el trauma y se quedan sin la orientación adecuada.
Al final acudiente y estudiante salen perjudicados. También la sociedad y los procesos de salud nacional.
El programa no es nuevo. Se le agrega la amigabilidad y confiabilidad, dos puntos que ahora acercará a los jóvenes.
Sólo habría que regular la asistencia, para que el remedio no sea peor que la actual medicina.