La caza ilegal e incontrolada de tortugas ha llevado a un grupo de jóvenes en la comunidad rural de Playa Bluff, en Isla Colón, Bocas del Toro, a buscar la manera de salvar tres tipos de especies en extinción y que anidan en este hermoso lugar.
Alfred Martin y su hermana menor Gisela son dos de ellos, quienes a cualquier hora de la noche patrullan y recorren 4 kilómetros de la playa, para que las tortugas no sean víctimas de la caza furtiva, irresponsable e ilegal, y que la práctica no continúe porque son consientes de que al ritmo en que se da la actividad podrían ser testigos de la desaparición de las últimas tortugas de dichas especies.
Estos jóvenes trabajan con otros de la “Sea Turtle Conservancy”, una ONG que les ha brindado la oportunidad a través de capacitaciones y prácticas, ofreciéndoles herramientas para que la juventud que no conoce este tipo de especies tome conciencia y pueda conservarlas.
Alfred y su hermano, Aneldo Martin, otro joven voluntario, aseguran que son conscientes del desarrollo económico que ha traído consigo esta isla, dándole mucha esperanza a los lugareños, entre ellos, a la juventud, ya que el desempleo ronda por apenas un 9 o 10%, pero si no se toman las medidas de conservación muchas especies endémicas van a desaparecer, incluyendo, lastimosamente, las tortugas.
Expertos
La bióloga Emma Harrison, presidenta de “Sea Turtle Conservancy”, considera que todo este desarrollo ha sido clave para que los turistas no solo conozcan la isla, sino también puedan conocer su tipo de vida, su hábitat y, principalmente, sus ricas, exóticas y llamativas flora y fauna, únicas en la isla y Panamá.
Sostuvo que este impacto económico ha sido positivo para la isla, pero tiene sus repercusiones negativas, ya que una de las fuentes de ingreso en el lugar son las muy degustadas y afrodisiacas carnes y huevos de tortuga, poniendo en peligro la vida de esta especie que llega para anidar en la Isla Colón.
A nivel mundial se conocen seis especies de tortugas, pero a esta isla llegan a anidar tres de ellas, que son: Baula, Carey y la Verde. Cabe destacar que las tortugas verdes anidan hasta 8 veces al año y depositan alrededor de 100 huevos en cada nido. Algunas lo hacen cerca de la playa, otras a media de la misma y las restantes entre las malezas en el área próxima a la playa.
Pero este es apenas uno de los motivos de lucha que liberan estos jóvenes con los turistas, quienes establecen su residencia en las proximidades de la playa, y muchos, con el ánimo de incrementar sus ingresos, alteran el hábitat, talando los arbustos o cortando las malezas en las que desovan las tortugas.
En tanto, la también bióloga Cristina Ordoñez, quien labora en Isla Colón, dice que esta alteración causa un efecto importante, ya que al encontrar algunas construcciones hechas por el ser humano, si la vegetación no existe, o luz artificial es visible para los reptiles en horas de la noche que desovan, son ahuyentados y no desovan, por lo tanto su longevidad irá disminuyendo.
“Hemos sido testigos de las alteraciones que han provocado los nuevos residentes, con el propósito de poder tener una mejor vista del mar o la playa, afectando el hábitat y la temporada de desove de las tortugas que se ven amenazadas y deciden retirarse a otros puntos menos seguros a desovar”, aseguró Ordoñez.
Por su parte, José Rodríguez, ambientalista y jefe de zona regional de la Anam, dijo que la institución le brinda apoyo a este tipo de organización por el objetivo que tiene: la conservación, que es la política que defiende la misma.
Según Rodríguez, a “Sea Turtle Conservancy” se le da apoyo en materia técnica, porque es una labor voluntaria de la comunidad.
Es en esta temporada que cazadores furtivos, lugareños y piratas se dan cita en la isla para obtener de manera ilegal la carne o huevos de estas especies y hasta su caparazón, puesto que el de carey de la tortuga del mismo nombre es muy usado para artesanías.