COMO UN pueblo fantasma y en penumbra ha quedado el distrito cabecera de Cañazas, en Veraguas, luego de la retirada de los canadienses que durante 14 años sacaron oro, plata y otros minerales.
La empresa concesionaria era Minas Santa Rosa, S.A., y el contratista, Brown and Root, Inc.
Anel Alvarado, ex representante de corregimiento, dijo que al cerrar las minas de Santa Rosa, ubicadas en la entrada de la población cañaceña, muchas personas humildes han quedado sin fuente de ingresos económicos.
En la época de las explotación minera, en Cañazas hubo gran bonanza que benefició a trabajadores, el comercio del distrito, y la empresa pagaba cuantiosas sumas en impuestos municipales que servían para proyectos locales.
Hacia el 2001 los canadienses dieron como excusa, para el cierre de la empresa, la supuesta caída en el precio del mineral precioso.
Pero dejaron el proyecto al descubierto. Tal vez no planificaron su cierre, que era necesario para evitar problemas mayores de contaminación de las áreas utilizadas, expresó la fuente.
Jaime González, quien trabajó en la mina durante 14 años, especificó que los habitantes de esta comunidad siguen preocupados por la forma como quedaron las áreas contaminadas con químicos como hipoclorito de sodio, que se vierten a las quebradas cercanas, las que van a dar a los ríos Corita y Santamaría.
Aseguró que ocurrieron tres derrames de materiales contaminantes por derrumbes accidentales y por descuido de las personas responsables en el área.
Estos derrames provocaron mortandad de peces y otras especies acuáticas en las quebradas y ríos a varios kilómetros de distancia aguas abajo, donde se ubicaban las instalaciones.
Hay muestras de que aún hay contaminación por los deslaves, según Jaime González, quien sostuvo que hace pocos días al área se presentó un grupo de estudiosos de la Universidad de Montreal, a cargo del profesor Mcnutty, el que confirmó que el veneno está presente en las áreas explotadas.
"Gústenos o no, el trabajo de cierre de las áreas mineras fue mal hecho, quedando esto en un verdadero infierno porque las tierras están al descubierto y abandonadas. No se hizo una reforestación completa que descontamine el ambiente, mientras que las aguas residuales van a parar con veneno a las quebradas", expresa el ex trabajador.
Los habitantes del distrito señalan que los concesionarios se llevaron grandes cantidades de oro y plata, y pocos fueron los beneficios para la comunidad.
Hay cinco lagos de gran tamaño con una profundidad de más de 300 metros, lo que representa un riesgo para muchas personas si se llegasen a derramar, porque inundarían parte de la comunidad cañaceña, expresan.
Se conoció que antes el Ministerio de Comercio e Industrias verificaba los niveles de las aguas y también inspeccionaba las áreas propensas a los derrumbes, por la presencia de contaminantes, pero después se dejó de visitar este lugar, testimonian los ciudadanos.
Algunos ex trabajadores sostienen que hubo planes de contingencia y prevención en casos de desastre, pero nunca se hizo caso al estudio que realizó la empresa Freeport, en el que se recomendó el traslado inmediato de las residencias cercanas a las minas.
Los moradores de Cañazas sostienen que muchas personas de las áreas circundantes han quedado sufriendo de "enfermedades raras en la piel", y presumen que sea por el contacto, a través del ambiente, con los residuos que están en las minas.
Hoy día solo quedan ruinas en lo que fue una empresa de mucho movimiento y de gran explotación aurífera que daba empleo a más de 300 personas. Panamá América sólo encontró máquinas en silencio y el canto esporádico de pequeñas aves.
El distrito es uno de los más pobres del país.
La fiebre del oro se acabó y ahora los ciudadanos regresan a sus problemas que parecen eternos.
Los explotadores se llevaron los minerales, pero los dejaron con sus cotidianos problemas sociales, enfermedades y falta de oportunidades.
Se apagó la fiebre del oro
La mina Santa Rosa fue la segunda en importancia que operó en Panamá y a la empresa se le otorgó un contrato desde 1989, por un período aproximado de 20 años.