El sobreseimiento definitivo solicitó la Personería de La Chorrera para los médicos involucrados y acusados de supuesta negligencia médica en caso de la muerte de Ana María Muñoz, hecho ocurrido hace cuatro años.
En aquella ocasión la hoy occisa, Ana María Muñoz llegó a la maternidad del hospital Nicolás Solano un 31 de diciembre de 1994 para dar a luz a su primer bebé, el que hoy tiene 4 años.
Sin embargo, algunas molestias que le aquejaban la obligaron a reingresar al hospital Nicolás Solano en enero del siguiente año, pero su estado delicado provocó que fuera trasladada a la maternidad del hospital Santo Tomás.
Ana María murió un día después debido a una séptisemia, diagnosticada por los médicos que la atendieron en el centro hospitalario de la ciudad capital.
Frente a la trágica noticia los familiares de la víctima acusaron de negligencia médica a los médicos que atendieron a Ana María en el hospital Nicolás Solano, ya que según ellos ésta no recibió la atención oportuna, lo que le produjo la muerte repentina.
A raíz de ello se inició un proceso judicial en el que se abre una investigación en contra de varios médicos del complejo médico del distrito de La Chorrera, entre los cuales figuran el doctor Luis Gordón (fallecido), quien fungía como jefe de maternidad y su colega Juan Ibarra, galeno que atendió el parto de Ana María.
A cuatro años del hecho, que dejó a una niña huérfana de su madre, la Personería de La Chorrera está solicitando el sobreseimiento definitivo para los encausados en este caso, basados en el informe presentado por la junta médica que descarta que hubiese negligencia médica.
Fuentes allegadas a las investigaciones sostienen que la víctima padecía problemas renales y de una infección que finalmente generó en una séptisemia, por lo que debió haber sido atendida por especialistas en nefrología e infectología, sin embargo el hospital chorrerano no cuenta con ninguna de estas especialidades.
Ana María Muñoz, residía en la barriada Santa Clara de La Chorrera y murió a los 21 años de edad, cuando apenas empezaba la vida, privándose de la dicha de conocer al fruto de sus entrañas.