Pánico, impotencia, rabia e incertidumbre están viviendo los moradores de las áreas inundables del oeste, especialmente los residentes en Villa Diana, Parques del Oeste, Limón, Mastranto y otras barriadas afectadas por las inundaciones ocurridas en noviembre del año pasado, y que pudieron correr la misma suerte hace dos semanas.
Panamá América hizo un recorrido por estos sectores y constató entre los residentes que el nerviosismo no solo está afectando a los adultos y a los de la tercera edad, sino también a los niños, quienes al observar que el cielo se nubla preguntan a sus padres si las corrientes de agua que arrasaron sus juguetes y sus casas volverán a repetirse.
Claudina de Becerra, quien perdió sus muebles, ropa y electrodomésticos por las inundaciones tras la crecida del río Caimito hace 8 meses, considera que la promesa de construir un muro de contención frente a su casa culminaría con la zozobra que vive.
Sin embargo -dijo de Becerra-, el tiempo ha pasado; los camiones se mantienen en el área, pero no se inician los trabajos del muro, aparentemente porque no encuentran tierra firme y cualquier trabajo sobre tierra húmeda sería inútil. Ella está pagando por su casa, que tiene un costo de $33,675, y a raíz de aquella inundación la aseguradora solo les entregó $ 3,000.
“Hace dos semanas, cuando cayó el aguacero, vimos repetir aquellos momentos de angustia y no nos queda otra que rogar para que la inmobiliaria nos mude a un sitio más seguro, porque estamos pagando por una propiedad de la que no podremos deshacernos; estamos viviendo un infierno y una tensión permanente que no podemos describir”, indicó de Becerra.
Otra afectada, Zoila Bustamante, residente de Villa Diana, explicó que vive a pocos metros de la quebrada que se salió de su cauce arrasando con todo lo que encontraba a su paso.
Bustamante indicó que en tiempos de lluvia, como ahora, no pueden dormir en la noche y si el aguacero cae de día, “nos asomamos para percatarnos de si el cauce está aumentando”. Aseguró que ha decidido mudarse a otro sitio y aguarda que le entreguen la nueva casa para salir de ese suplicio.
Según Bustamante, si se produce otra inundación, “será peor que la del 2012, porque el tanque de tratamiento de aguas negras ya está a toda su capacidad y será de los primeros en desbordarse”.
La afectada informó que tiene en una parte alta de su casa una maleta con ropa para cuatro días para ella, su esposo y niña de 5 años. “Si algo sucede, solo me apuro en recoger la maleta y a mi hija, y abandono la casa”, dijo.
Entretanto, Istmenia Pinilla Peccio, madre de una niña de 8 años, expresó que sienten miedo cuando caen las lluvias torrenciales, y consideran que están completamente abandonados.
El aguacero que cayó recientemente en el sector oeste provocó la crecida de varios ríos, cuyas corrientes convergieron en la carretera Interamericana a la altura de Hato Montaña, provocando inundaciones en la vía, en los predios de los comercios ubicados en ese lugar como Casa Goly y El Machetazo, y en algunas casas, sin afectaciones. Aunque algunas viviendas ubicadas en sitios bajos sufrieron daños menores.