La llegada de la temporada lluviosa tiene un significado negativo para los residentes de la provincia de Bocas del Toro, debido a que durante años las lluvias les han ocasionado graves pérdidas en el aspecto agrícola, económico y sobre todo humano ya que la región es propensa a las inundaciones y cuando éstas ocurren arrasan con lo que encuentran a su paso.
Por otra parte, el inmovible muro de contención, construido hace más de 20 años por la empresa bananera que opera en la región, al pasar de los años ha sido dragado por las aguas del río Sixaola; los bocatoreños, conocedores del poder de la naturaleza y viendo el rápido avance del río hacia las cercanías de sus casas y fincas decidieron pedir auxilio.
La empresa frutera con el propósito de salvaguardar sus inversiones se dispuso reconstruir el muro, pero como todo buen panameño, algunos avivados al ver que el trabajo sería realizado por una transnacional millonaria, decidieron oponerse a los trabajos al menos que le indemnizaran de manera ventajosa los árboles frutales o silvestres, hierbas y hasta basuras que se encontraran en sus propiedades.
Para finales de 1996, la empresa inició la construcción del muro pero únicamente en el sector de finca 52 y 43 en La Mesa, mientras el gobierno a través del Ministerio de Obras Públicas (MOP), negoció con los finqueros de Guabito.
Llegada la hora del trabajo en ese sector, los funcionarios de aquel entonces no habían logrado persuadir a los finqueros de sus propósitos económicos. Ni cortos ni perezosos los ejecutivos de la empresa decidieron retirarse ya que lo importante para la transnacional son precisamente las plantaciones del banano y éstas ya habían sido protegidas igual que sus trabajadores.
El sector de Guabito es habitado por más de 4,000 personas quienes en su mayoría se dedican a actividades que no tienen que ver con las bananeras y sus residencias tampoco pertenecen a la empresa, por lo que la actitud de unos pocos le ahorró a la compañía miles de balboas, pero se mantiene en peligro la vida de miles de bocatoreños quienes en el momento oportuno no midieron las futuras consecuencias por impedir la construcción del muro.
Terminó el período del expresidente Ernesto Pérez Balladares y nada se hizo. En diciembre de 1999 nuevamente se desborda el río, esta vez se lleva dos casas más pero alcanza niveles inesperados. Cientos de miles de balboas se perdieron en mercancía comestible y todo tipo de mercancía así como inmuebles de las casas, motos, carros, cientos de animales se ahogaron no así personas.
El 14 de enero del presente año, resultaron afectadas no menos de 5,000 personas de una veintena de comunidades, fueron evacuadas más de 300 moradores entre estos niños que les tocó dormir varias noches sobre el frío zinc de sus casas luego de ser sorprendidos junto a sus padres por la impetuosa destrucción del muro de finca 42.
Dada la magnitud, 11 funcionarios del Sistema de Protección Civil de la provincia de Chiriquí llegaron a la provincia para brindar ayuda. Cientos de miles de balboas en ayuda llegaron por parte de las autoridades locales y nacionales.
Aunque dista del río unos ocho kilómetros, la comunidad de finca 51 fue una de las más afectadas cuando dentro de las casas permanecieron las aguas por más de una semana pues los drenajes del lugar se tornaron obsoletos por la cantidad de agua que entró a la barriada.
Al bajar las aguas llegaron los altos funcionarios enviados por la presidenta de la República, Mireya Moscoso. Con gran emotividad fueron recibidos pues sin lugar a dudas era portadores de buenas noticias. Efectivamente, frente a una multitud de niños, mujeres y hombres que llegaron de todas partes a Guabito, aseguraron la disponibilidad de B/. 1 millón para los trabajos a realizar en el río y se anunció además, la anuencia del gobierno tico de aportar igual cifra, ya que los hermanos también buscan a ayudar su gente.
A escasos meses de iniciar la época lluviosa en Bocas del Toro, no se ha visto la mínima intención de cumplir lo prometido, los funcionarios: Raúl Arango, Asesor presidencial; Carlos Barés, director de la Policía Nacional y Arnulfo Escalona, director nacional del FIS, nunca más han regresado al lugar.
Todo indica, que los 5,000 afectados de aquel entonces, los dueños de las casas que quedaron a escasos metros del río, los comerciantes y la comunidad en general, tendrán que preparar con tiempo los cayucos.
UNA OPOSICION QUE TRAJO CONSECUENCIAS
Hoy por hoy, los mismos que se opusieron a la construcción han perdido las fincas y hasta sus casas. La naturaleza llegó, se llevó todo y no le pagó a nadie, pues estaban en parte de su territorio ya que según la historia, por allí pasaba el río.
A finales de ese año, fueron arrastrados aproximadamente seis ranchos construidos a orillas del cause y donde habitaban no menos de 30 personas en su totalidad indígenas. Ellos prefiere vivir a orillas de los ríos porque allí consiguen su dieta como lo son el pescado, tortugas, camarones que complementan con un buen racimo de banano, además utilizan el río para bañarse y realizar necesidades fisiológicas.
En diciembre de 1997, el río arremetió no solamente con los indígenas residentes en las orillas, esta vez estremeció los cimientos de dos casas construidas a base de cemento cuyas familias salieron en rauda huida para evitar perder la vida, tal cual sucedió con sembradíos y otras pertenencias.
A finales de 1998 e igual que el año anterior y el siguiente, precisamente el día de las madres el río nuevamente hizo estragos, esta vez se llevó otras dos casas, más una veintena de ranchos. Varias viviendas del sector tico, también fueron vistas al pasar bajo el puente.